La Agencia y la Superintendencia de la calidad educativa: Enfilado hacia la desigualdad, la inmovilidad social y la petrificación pedagógica
Por Carlos Arrue
En segundo trámite, se encuentra el proyecto de ley que complementa la Ley General de Educación consistente en crear un Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad y materializa la Agencia de Calidad de la Educación. Conjuntamente con ello, ya sabemos que vienen nuevos y significativos cambios en el ámbito educativo con el nuevo Gobierno.
En dicho proyecto y en las propuestas, hay igualmente una clara y evidente expresión del principio esbozado por Adam Smith de laissez faire trasladando éste de la actividad económica a axioma en la educación, relegando con ello, todo el sentido sobre la virtud del saber y la búsqueda de la verdad de Platón. Asistimos así, a la consagración mercantil de la educación. En consecuencia, muy distantes estamos de la época de oro de la educación chilena cuando Pedro Aguirre Cerda planteó que Gobernar es educar. Hoy, Educar es lucrar.
Esto ocurre, porque se insiste en negar, que el origen de la mala calidad educativa no radica en la falta de fiscalización o la deficiente gestión pública sino en una política intencionadamente aplicada para convertir un derecho conquistado, como el de la educación, en un suculento trato comercial. Esta negación no existe por desconocimiento sino por opción política, la cual existe hace casi treinta años y es esa opción histórica, la causante de su deterioro por cuanto la educación no es un negocio sino una inversión social. Así, en la práctica, no se trata de tener mejor educación sino más educación. Este énfasis cuantitativo, desdibuja su sentido público y origina su espíritu mercantilista actual.
La Agencia consignará lo que todos sabemos, la crisis de la educación pública y la creciente elitización de todo el sistema educacional. No arreglará nada, sino que asegurará la desigualdad y proyectará el carácter lucrativo del sistema educacional. Para abordar las razones estructurales de la mala calidad, la Agencia no tendrá facultades algunas y así, esta propuesta estrella, requerirá dentro de unos años, de nuevas propuestas en medio de constataciones de un empeoramiento en la calidad de la educación.
En Chile, está probado que no existe movilidad social y la educación no constituye un vehiculo de cambio. Si un joven estudia y no tiene recursos, no podrá entrar a la Universidad. Si no estudia pero tiene recursos, entra a la Universidad privada. Si es habiloso, entra a la Universidad pública, que en virtud de la propuesta de eliminar el AFD, funcionará como colegio particular subvencionado más que Universidad pública estatal. Así, el sistema tenderá en la práctica a privatizarse en su totalidad y la sociedad tenderá además, a petrificarse socialmente. En esa línea, la Agencia certificará ese proceso ayudando a la credibilidad pública del sistema privado. Es decir, consagrará el funcionamiento mercantil del sistema educativo y hará realidad el laissez faire. Sepultará los remanentes de lo que conocemos hoy por educación pública y con ello, toda aspiración a un cambio social desde la educación. A través de la calidad, garantizará la inequidad y con ello, precisamente, la mala calidad.
Con este círculo vicioso y esta trampa argumentativa, más que velar por la calidad, la Agencia y la Superintendencia consagrarán la desigualdad y con ello, impedirán la movilidad social y el crecimiento del país. No se trata de estar en contra de calidad sino de no compartir la equivalencia hecha entre calidad y Agencia. Se trata de no profundizar la verdadera causa de la mala calidad cual es la relativización de la educación como un derecho que debe asegurar el Estado.
La calidad educativa no es lo que está en juego sino más bien el derecho a la educación como garantía constitucional, derecho que ha sido vulnerado precisamente por la mercantilización llevada a efecto en el sistema educacional. Es ella la que ha empeorado la calidad de la educación en Chile y es ella la que se profundiza con este proyecto de ley. Irónico por decir lo menos.