Hace 170 años los comunistas tienen un manifiesto

Publicado en Mar 14, 2018 - 2:05pm [828 lecturas] .

Pablo Monje-Reyes / Administrador Público y Magíster en Gestión y Políticas Públicas / Columnista ICAL / Marzo 2018

En febrero de 1848, Marx y Engels, dan a conocer el resultado de su trabajo intelectual titulado “El manifiesto del Partido Comunista”. Una obra política de gran calado para el desarrollo de la sociedad moderna. En muchos casos esta obra difundida por todo el mundo. En muchos otros proscrita, rechazada y pensada dejar en el olvido. ¿Por qué? Solo por una contundente razón, en esta obra se describe y analiza con mucha certeza de la lucha entre  oprimidos y opresores, entre burgueses y proletarios.  ¡¡La lucha de clases!! “La historia de todas las sociedades hasta nuestro días es la historia de la lucha de clases” (MPC; 1848).

Muchos conservadores, dirán hoy en día que es un pensamiento viejo, violento, sin sentido, superado por la democracia burguesa, sobrepasado por la historia. Saldrán arrastrando el argumento que las ideas del manifiesto son un fracaso histórico por la caída de los socialismos de Euro – Asia del siglo XX. Inclusive intelectuales “progresista” así lo creen, con  argumentos un poco más refinados están de acuerdo con los conservadores. En algún punto del plano político los revisionistas se unen a los conservadores para luchar contra el proletariado.  Para luchar en contra la fuerza de la revolución. Por tanto, ratifican la idea central que la política es lucha de clases, como lo describe el manifiesto, “más toda lucha de clases es una lucha política” (MPC; 1848).

Solo mirando algunas ideas que se dibujan en el manifiesto, se logra percibir su plena vigencia en el siglo XXI. “La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos poco” (MPC; 1848).  

Para el año 2017 de acuerdo estudio de la Organización no gubernamental Oxfam, solo un pequeño grupo de ocho personas poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas a nivel mundial. Esto implica que acumulan una riqueza igual a 50% de la población mundial. A esto se suma, los 1.810 millonarios que figuran en la lista de Forbes poseen 6.500 millones de dólares, lo que equivale a la riqueza que ostenta 70% de la población más pobre en todo el mundo. Desde la perspectiva de Chile, en esta lista Forbes a lo menos hay diez empresarios – familia entre los más ricos del mundo. Se destacan la familia Lukcsic; la familia Matte; la familia Angelini; la familia Yarur; individualmente, Horts Paulmann; Julio Ponce Lerou; Sebastián Piñera y Alvaro Saieh.

En términos de propiedad de empresas para el 2017, las corporaciones más grandes del mundo (Walmart, Shell y Apple entre otras) facturaron ingresos superiores a 180 países en conjunto, según el estudio de Oxfam.

Queda claro que la tesis sobre la concentración de la propiedad y sus beneficios en manos de la burguesía sigue siendo verdadera. Tanto para el mundo como para un pequeño país como Chile.  Esto nos lleva a una idea muy importante descrita en el manifiesto: “La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento del capital” (MPC; 1848). Quien produce esa riqueza no es el capital sino son los millones de obreros en el mundo que son explotados por medio de un salario paupérrimo. Esta es la contradicción principal que está en la base del modelo capitalista. Quienes producen no se benefician de su trabajo. La contradicción capital – trabajo.

La contradicción capital – trabajo es permanente. No la logra resolver la burguesía por medio de la democracia.  Cuando sectores de obreros conscientes de su rol de clase y de su capacidad de cambio político y revolución, la burguesía contra ataca por medio del uso de la fuerza. Por ejemplo, golpes de Estado con desaparición y exterminio de cuadros obreros, invasiones a países, intervenciones y pago de políticas de sedición como ocurrió en el siglo XX y sigue ocurriendo en este lustro en el mundo, en América del Sur y en Chile.

Pero inclusive antes de estas repuestas violentas de la burguesía, a sus crisis de gobernabilidad como se dice actualmente, concede espacios políticos a la clase proletaria, en letras del manifiesto: “La burguesía vive en una lucha permanente: al principio contra la aristocracia; después contra aquellas fracciones de la misma burguesía, cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria, (…) En todas estas luchas se forzada a apelar al proletariado, a reclamar su ayuda y arrastrarle así al movimiento político. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación, armas contra ella misma” (MPC; 1848).

Lo anterior, es clave para entender el proceso político y de fortalecimiento de la lucha de clases, las concesiones de la burguesía al proletariado no son parte de su vocación democrático – burguesa. Sino motivadas por su crisis permanente en el poder y en la necesidad de resguardar sus beneficios económicos como clase. Concederá hasta cuando perciba que comienzan a socavar las bases de su poder. Por eso en Chile, la derecha se ocupa de no ceder en otorgar más derechos laborales y sociales. Dificulta todo lo posible su avance. En el caso actual código laboral, sus principios fueron formulados en plena dictadura, se le quitó la condición al proletariado chileno fuera una organización política de clase. Como lo fue en su historia hasta 1973. Se redujo el sindicalismo a una visión conservadora solo reivindicativa de carácter salarial y no política. Solo recordar que los dirigentes sindicales en Chile, hasta el día de hoy,  están inhabilitados por ley para ser candidatos a elecciones populares. En cambio, las organizaciones empresariales como la Sociedad de Fomento Fabril o la Sociedad Nacional de Agricultura, sus socios financian las campañas electorales de los representantes de la derecha o de sus familiares directos como delegados al poder político.

Para terminar, con este pequeño análisis de la importancia del Manifiesto del Partido Comunista en nuestros tiempos, se puede decir que en Chile se dan muestra de avances de la lucha de clases a favor del proletariado actual, un ejemplo, fue lograr la gratuidad en la educación. Este es uno de los elementos principales del manifiesto como programa político de los comunistas, en palabras textuales: “Educación pública y gratuita de todos los niños…”; (MPC; 1848).  Por eso es importante, leer y releer el Manifiesto. Su capacidad de observación e interpretación del modelo de acumulación capitalista sorprende 170 años después de haber sido escrito. Es un clásico. No solo por interpretar la realidad sino que abre un camino para transformarla y cambiar las relaciones de poder entre clases. En síntesis como se escribe en el manifiesto: “Los proletarios no tienen nada que perder en ella (lucha de clases) más que sus cadenas. Tienen, en cambio un mundo que ganar”; (MPC; 1848).

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