2017: El año que crujirá

Publicado en May 15, 2017 - 3:39pm [504 lecturas] .

hugoguzman/Hugo Guzmán. Director Área de Comunicaciones. ICAL) 1.- Enfrentar el 2017 apelando a la “posverdad”, es decir, a establecer como realidad percepciones, sensaciones, imágenes, creencias propias, auto/convencimientos, por encima de los hechos objetivos, empíricos, concretos, junto con peligroso, puede ser desastroso para las fuerzas políticas y sociales, en un año determinante para el futuro de proyectos político/sociales/ideológicos, en el marco de elección para cambiar a la o el Presidente de la República, la inmensa mayoría del Parlamento y autoridades regionales.

2.- En esa línea, lo primero que surge como desafío para los sectores/actores del 2017, es saber detectar/comprender la realidad y desechar construir realidades, menos para sí mismos. El análisis serio/certero debe primar sobre el voluntarismo político y los deseos alejados de la realidad. Se puede soñar, pero no se avanza hacia la concreción de sueños con los ojos cerrados; deben estar bien abiertos para evitar pesadillas.

3.- Pese a una instalación mediática/comunicacional superficial y contingente respecto a lo que serán las elecciones de este año y el choque de proyectos -transformador versus conservador-, con un exagerado énfasis en la personalización de candidatos presidenciales y pugnas en la construcción de listas parlamentarias, lo que se juega en este proceso tiene una inmensa y profunda incidencia en los derroteros del país en el próximo quinquenio. Como se dijo hace tiempo, la elecciones no resuelven los problemas; los presentan. Es así que, al final del día, lo que se define o se disputa en las elecciones 2017 es la posibilidad de seguir avanzando en reformas/modificaciones de corte progresista y transformador, o que se produzca un avance de las posturas conservadoras/retardatarias, con regresión neoliberal. Lo demás, son pepas de la naranja. El asunto es avance transformador o regresión conservadora.

4.- Hay tonos mediáticos sabrosos pero que soslayan la pasión de contenidos musculosos. Ya parece añejo aquello de que Chile está sujeto a una retroexcavadora, claro, con el peligro de que otros aviven maquinarias retro/activadoras, como lo intenciona Sebastián Piñera y la derecha. Lo real/de fondo, es que en estas elecciones debería producirse una disputa programática entre las propuestas transformadoras y las posturas conservadoras. Es lo que algunos señalan como paradigma de derechos sociales o paradigma restituidor del neoliberalismo. Tan es así, que diversos analistas, académicos y dirigentes políticos señalan que asuntos como la reforma de salud, el cambio del sistema previsional, continuidad en la reforma educacional, soluciones en transporte, descentralización, podrían tomarse la campaña del 2017. Lo que asoma mal, es que se ve mucha algarabía y polémica en torno de los candidatos, y están omitidos y ausentes los temas programáticos. Los partidos están llenos de reuniones y vocerías por candidaturas y contingencias, pero quitando el cuerpo, omitiendo, postergando y no concretando lo programático/propositivo. Hay una situación deficitaria en el ámbito de la batalla de las ideas, de la fortaleza argumental, de instalación de ideario y relato.

5.- En este contexto persiste la crisis de participación electoral. No más del 30-35 por ciento votaría en noviembre de 2017. Esto lleva al tema de concentrarse en el “voto duro” o apostar -con los datos de la causa corriendo un enorme riesgo- al voto más abierto. Esto, entre otras cosas, podría contrastar con la participación social, en sus distintas expresiones. Esta situación con distritos más grandes, y con más diputados y senadores a elegir, añadiendo la elección de autoridades regionales, aumenta una especie de desorden/confusión para amplios espacios de la sociedad.

6.- Aparece asimismo la constatación de cierto retraso en el discurso, la forma, la conversación en el mundo político, que reconoce el agotamiento de mecanismos -desde malas prácticas hasta procedimientos anticuados- pero que no logra asumir -en lo general- con audacia modificaciones en sus prácticas y tonos discursivos. Ello adquiere tanto un reto complejo como desafiante, respecto a que se retome un contenido ideológico/programático que le sea más atractivo al pueblo por encima de la guerra mediática; es el equilibrio o el acomodo entre asumir la batalla de los 140 caracteres, junto a la batalla de los 5 mil caracteres.

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