Sobre el “populismo”

Publicado en Abr 7, 2017 - 11:04am [568 lecturas] .

-fZTw5jh/Mario Domínguez Castro. Director Área de Desarrollo Social y Participación. ICAL/ Las referencias respecto del “populismo” como fenómeno social, con una fisonomía específica y rasgos característicos son un tema aún en discusión. Sus usos son tan difusos como las expresiones sociales o discursivas que pretenden interpretar quienes usan recurrentemente el término.

En nuestro país, por ejemplo, el rector Carlos Peña lo ha descrito como un “estilo de hacer política”, asociado a la pretensión de legitimidad de unos -los populistas- por sobre otros; el académico también acusa a los populistas de argüir una “conexión directa” con una ciudadanía abstracta, diluyendo así el rol de las instituciones y los partidos políticos. El rector analiza el “populismo” desde sus formas y efectos en el marco normativo del ejercicio de la democracia, sin ahondar en contenidos y características que permitan diferenciar este “estilo” de características habituales de la política como la demagogia y sus variables.

Otra perspectiva del “populismo” han sido las teorías de extrema derecha -Axel Kaiser y compañía-, donde se acusa de “populista” a las posiciones de izquierda, progresistas y de cambio.  Asociado más a los contenidos que a las formas, el concepto de “populismo” de Kaiser tiene una función atributiva, busca descalificar a gobiernos, movimientos y agendas con determinados contenidos o propósitos. Esta mirada tiene su origen, según Enrique Dussel, en la defensa conservadora del “Consenso de Washington”, promovida por Estados Unidos y su resistencia a cualquier reforma a los proyectos neoliberales instaurados en América Latina mediante golpes de estado, dictaduras militares e intervencionismos de todo tipo desde finales del siglo XX hasta la fecha.

Sumado a lo anterior tenemos las declaraciones de contingencia. El “populismo” ha sido ocupado como una herramienta para -des- calificar, de forma vaga e imprecisa el rol y los tipos de liderazgo. Así, Trump, Maduro, Evo, Le Pen, Grillo, Guiller y Pablo Iglesias han sido situados indistintamente como liderazgos “populistas” por el sólo hecho de confrontar los equilibrios coyunturales, el uso del término pareciera más bien rechazo al cambio, sea del tipo que sea. El “populismo” en la jerga política se ha transformado en sinónimo de falta de moderación y exceso, respecto del stablishment.

Seguramente uno de los trabajos más completos sobre este tema lo ha desarrollado Ernesto Laclau -“La razón populista”- que vincula el fenómeno “populista” al proceso de construcción de la identidad “pueblo”, más como categoría política -en positivo- que como un dato de la estructura social -clase social, etnia, género-. Según Laclau el ideario “pueblo” nace de la unidad de una “heterogeneidad constitutiva” de las formaciones sociales modernas y globalizadas, la equivalencia de demandas nacidas al alero de los procesos de globalización, sus articulaciones y resistencias otorgarían una identidad unitaria a dichos discursos y movimientos. Estos son los llamados “nuevos movimientos sociales” -feministas, ecologistas, LGTB, de pueblos originarios, de trabajadores/as artesanales e industriales, etc.-, sus acciones y prácticas en vínculo, en oposición a las políticas neoliberales de globalización. El resultado de este vinculo es la identidad “pueblo”-plebs/populus-, asumiéndose a sí mismo totalidad del campo social y expresándose más en las acciones del colectivo que en cierta homogeneidad de sus componentes.

En cualquiera de los casos, el debate sobre el “populismo”, los usos del concepto y lo que busca describir hoy es aún controversial. A partir de los 30′ del siglo pasado “populismo” eran las experiencias de los estados desarrollistas, alternativas de carácter nacional-popular, consecuencia de las guerras mundiales y el tránsito desde la hegemonía inglesa a la norteamericana en América Latina.

El pensador argentino -gramsciano- José Aricó sostuvo que las sociedades modernas, capitalistas se estructuran bajo una “articulación de formasç” que dan lugar a un entrelazamiento muy particular de las fuerzas productivas con las relaciones de producción. Esta “articulación de formas” es en realidad el conjunto de categorías, instituciones y organizaciones sobre las cuales se estructura la sociedad. Puede que el debate al respecto del “populismo” responda más bien a una carencia de herramientas por parte de la teoría política para determinar las especificidades y contradicciones de la sociedad contemporánea, que a un movimiento social o liderazgo específico real, con tales o cuales características.

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