Crisis y realidad migratoria en Chile y el mundo

Publicado en Abr 3, 2017 - 9:17am [772 lecturas] .

Migración_peruana_en_Santiago_Chile-660x350/Área de Desarrollo Social y Participación. ICAL/ Contenidos completosdel foro sobre migración realizado en la Carpa ICAL durante la Fiesta de los Abrazos, versión 2017, en que participaron Luis Eduardo Thayer, sociólogo, subdirector del Centro de Investigación Sociedad y Políticas Públicas (CISPO) y responsable del Observatorio de Políticas Migratorias de la Universidad de Los Lagos; Rodrigo Sandoval, Jefe del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior de Chile; y Tatiana Albuja, Presidenta del Consejo Consultivo de Migraciones, vocera del Movimiento Acción Migrante.

La migración, es un fenómeno social

Se enfrentarán las tensiones inherentes de la relación entre la migración y el Estado nacional.

La crisis migratoria ha servido como recurso retórico para el fortalecimiento de una política de restricción y represión.

La reciente arremetida de la derecha en propuestas para nueva política migratoria es primer síntoma a gran escala de un incipiente conflicto en la sociedad chilena.

Sectores conservadores, no solo en Chile sino en el mundo, ocupan este tema con objetivos electorales, promoviendo la discriminación y el cierre de fronteras.

La realidad migratoria chilena va a convivir siempre con una tensión importante del ingreso clandestino.

En Chile la residencia está condicionada al contrato de trabajo laboral dependiente.

Decenas y decenas de años trabajando con la migración en una lógica de contención, restrictiva e impositiva, definitivamente eso ya no resultó.

La migración es líquida, lo que no entra por la vía formal tiende a entrar por la vía informal.

Bogar por un país plurinacional y pluricultural.

 

Migración: “Se transforma en una oportunidad y en una gran responsabilidad”

Pablo Canelo.

Director del Área de Desarrollo Social y Participación, del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL).

El ICAL desde hace 3 años viene desarrollando iniciativas en torno a debatir y reflexionar sobre el tema migratorio en Chile. De hecho, el 2014 organizó un foro y ese mismo año fuimos invitados por el Departamento de Extranjería y Migraciones al proceso participativo de construcción  de una nueva ley migratoria, que esperamos este año pueda ingresar por fin al parlamento.

Para nosotros este tema responde a la oleada democratizadora que está viviendo el país, cuyo corolario no solo ha sido el proceso constituyente y las reformas políticas, sino también la necesidad de cambiar un marco legislativo que viene de la dictadura, como lo es el que regula la política migratoria chilena.

Y en ese sentido, las organizaciones de migrantes juegan un rol fundamental en la reconstrucción democrática del país. Y por eso para la izquierda este tema es clave pensando en que desde distintos sectores conservadores, no solo en Chile sino en el mundo, se ocupa este tema con objetivos electorales, promoviendo la discriminación, el cierre de fronteras y otros elementos que van contra los valores democráticos y humanistas de la izquierda.

Por lo tanto, esto se transforma en una oportunidad y a la vez en una gran responsabilidad de hacerse cargo y desarrollar propuestas para aportar a la construcción de una nueva política migratoria.

De estos temas nos hablarán los panelistas que nos acompañan en esta Carpa de ICAL en la reconocida Fiesta de los Abrazos.

Incentivos para la inseguridad migratoria

Luis Eduardo Thayer.

Sociólogo, subdirector del Centro de Investigación Sociedad y Políticas Públicas (CISPO) y responsable del Observatorio de Políticas Migratorias de la Universidad de Los Lagos.

Voy a entregar acá algunas propuestas que hemos desarrollado y que presentamos en el Consejo Nacional de Migraciones que son principios y criterios basados en el enfoque de derechos humanos que, a mi juicio, debieran estar en un proyecto de ley orientado en esa dirección. Antes de eso, haré una breve contextualización de la tendencia a nivel internacional que están teniendo las políticas migratorias en los últimos años.

El 2015 estuvo marcado, como recordaremos, por las tragedias que quedaron plasmadas en los medios de comunicación, en que cientos de migrantes y refugiados morían en el mar. Los que tenían la suerte de alcanzar la costa europea con vida eran encarcelados en centros de detención asistidos por organizaciones humanitarias, o reprimidos brutalmente por la policía El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados, estima que entre el 2014 y el 2016 más de 10 mil personas han muerto en el Mediterráneo intentando cruzar a Europa y otras 10 mil se encuentran encerradas en centros de detención griegos. Esto que se bautizó por los medios como “la crisis migratoria” y que construyó la imagen de una Europa desbordada, tuvo sin embargo su mayor impacto en otros países, como Turquía, Líbano, Paquistán y Etiopía, que son los 4 países que más refugiados acogen en el mundo. Los 2 primeros reciben 10 veces más refugiados que Alemania, por ejemplo. Y en Líbano hay 200 refugiados por cada mil habitantes, es decir, el 20% de su población es refugiada. Por el contrario, solo el 14% de los refugiados del mundo es recibido en países desarrollados mientras que el 86% restante vive en países de ingresos medios y bajos. De manera que el mayor impacto que ha tenido la llamada crisis migratoria no ha sido en los países de la Unión Europea ni en Estados Unidos, sino en los otros que menciono.

Sin embargo, la crisis migratoria ha servido como recurso retórico de estos países para el fortalecimiento de una política de restricción y represión migratoria que viene implementándose en los últimos 30 años. De manera que la reacción a la crisis migratoria no da cuenta de una realidad nueva. Más bien pone en evidencia la intensificación de una situación que ya tiene bastante tiempo. El 2015 no comenzó nada nuevo, sino fue el año en que se superó el límite de lo que hasta entonces era considerado por los Estados desarrollados como las consecuencias tolerables del control fronterizo. Este desplazamiento del umbral de la tolerancia en la represión fronteriza, de las democracias europeas y estadounidense, implicó un ajuste en las reglas del juego en que venían inscribiéndose las relación Estado-migrantes.

Sobre esto, sin embargo, es necesario hacer una apreciación de orden histórico. Si bien la democracia desde su origen se ha construido sobre formas de exclusión social y de diferenciación entre ciudadanos y no ciudadanos, la emergencia en la segunda mitad del siglo XX de los DDHH como un referente sustantivo de la democracia, marcó un hito que permitió tensionar este principio de exclusión fundante de la democracia. La represión en la frontera por tanto no contradice en principio la alusión original de la democracia, sino que corroe la forma específica de democracia que los estados occidentales decidieron darse a partir del término de la Segunda Guerra Mundial. Lo que se ha hecho evidente con la crisis migratoria no es por tanto una crisis de la democracia como tal, que históricamente se ha fundado sobre la exclusión (de las mujeres, los esclavos, los plebeyos, pueblos originarios, los pobres, y ciertamente los extranjeros) sino la forma contemporánea de la democracia que se ha permitido sentar sobre los DDHH.

La intensificación de la represión fronteriza que viene dándose desde inicios del siglo XXI en Europa y EEUU es la radicalización de una política impulsada de manera continuada y sistemática desde el último cuarto del siglo XX. Y que no toca solamente a estos países.

Hay un dato que hemos recogido de nuestras investigaciones, a propósito de la negación de los visados a los ciudadanos dominicanos, en donde se les impuso de manera injustificada -creemos- un visado consular y se les está negando la visa para entrar como turista. Entonces están llegando a Chile por una vía que ellos llaman “El hoyo”, que es un recorrido que atraviesa Sudamérica desde Colombia hasta Chile y que está regado de secuestros, violaciones a mujeres, muertes.

Es decir, la misma lógica que se está dando en lo que algunos han llamado también en el caso mexicano esa “frontera vertical” -ese tren que atraviesa México con migrantes centroamericanos que van dejando secuestros, muerte e irregularidad en el caso de los que pueden llegar a destino-.

De manera que las políticas de seguridad fronteriza están activando todo un sistema de incentivos para la inseguridad migratoria. Y eso es algo que se está viviendo a nivel internacional y que aquí en Chile ya hemos visto algunos primeros indicios.

Nuestro país no está ni va a estar exento en los próximos años de esta tensión. Más bien, al contrario. Tal como ocurre con todo país que recibe migrantes en tasas crecientes, aquí se enfrentarán las tensiones inherentes de la relación entre la migración y el Estado nacional.

La reciente arremetida radical de la derecha en materia de propuestas para una nueva política migratoria es el primer síntoma a gran escala de un incipiente conflicto en la sociedad chilena. Independiente de que esta arremetida sea parte de una estrategia de posicionamiento electoral, influida por el triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, y que se encuentra alineada con las propuestas de la extrema derecha europea que se vienen promoviendo ya desde hace décadas, no es una mala noticia. Y no lo es porque el tema entró en la agenda.

Hace bastantes años que desde los gobiernos locales, desde la academia, desde las organizaciones y desde algunos actores políticos relevantes, hemos venido insistiendo que este es un tema central del Chile de hoy. Y entró mal, a destiempo, con un retraso de 20 años respecto del origen del foco migratorio actual, pero entró. Ya está en escena la cuestión migratoria, ya vamos a empezar a ver venir a los actores. De manera que el tema entró en la agenda, por la extrema derecha, y con los fuegos artificiales de la parafernalia electoralista. Y encontró a los actores de la izquierda y centro izquierda con las manos vacías. Ha habido reacciones, pero muy pocas propuestas. Una de las cuales fue desde la centro-izquierda, con Ricardo Lagos proponiendo un reconocimiento a los derechos de los migrantes en función del aporte que hacen a la sociedad chilena. Vale decir, tomó la posición liberal que viene promoviendo el Instituto Libertad y Desarrollo, vinculado a la UDI, desde el 2015 y que está plasmada en el libro “Migración en Chile, una oportunidad ignorada”, firmado por Álvaro Bellolio y Hernán Felipe Errázuriz.

Más allá de que esta mirada instrumental también es criticable en términos de sus fundamentos, y es antidemocrática en cuanto a sus consecuencias es, sin embargo, un estímulo más a la discusión. Ahora, donde hay a mi juicio un silencio preocupante es en el mundo de la izquierda. Me parece que esta ausencia de propuestas desde este sector tiene que ver con la dificultad para traducir en criterios, en principios, en normas, y en política eso que es tan fácil de enunciarlo: los derechos humanos. Es muy fácil decir “aquí necesitamos una política migratoria con enfoque de derechos humanos”. Pero ¿qué significa eso? Ese es el paso necesario que a mí me parece necesario dar.

Lo que voy a exponer ahora son 10 criterios, principios y políticas que pienso apuntan en esa dirección, y que deben estar presentes en una regulación fundamentada en el principio de los derechos humanos.

La incondicionalidad en el acceso a todos los derechos cívicos, sociales, y culturales por parte de los ciudadanos extranjeros residentes en Chile. Lo que supone no condicionar el reconocimiento de estos derechos a la situación administrativa regular o irregular de los migrantes. E instalar esto en el articulado de la nueva ley. Tanto el proyecto presentado por Piñera que se encuentra actualmente en el Congreso, como los borradores que han circulado de la actual administración coordinados por el Departamento de Extranjería y Migraciones, se fundamentan, tienen el relato introductorio en los derechos humanos. Sin embargo eso no está plenamente traducido en el articulado. Entonces ahí hay un trabajo que realizar.

El acceso a los derechos políticos. Apunta a establecer como única condicionalidad para el acceso a los derechos políticos, el tiempo de residencia. Sobre este punto naturalmente es necesario consensuar cual es el tiempo que se va a considerar como óptimo para que los ciudadanos extranjeros accedan al derecho al voto. La propuesta que nosotros hacemos tiene que ver con que no supere en ningún caso los 3 años de residencia continua en el país. Actualmente la Constitución de 1980 otorga a los extranjeros el derecho de votar en las elecciones después de 5 años de avecindamiento. Esto es una figura que no existe en términos legales y el SERVEL lo interpreta como 5 años de residencia definitiva. Vale decir, hoy los migrantes pueden votar como mínimo luego de 7 años de residencia continua en el país y 5 años de residencia definitiva. La propuesta nuestra es que eso sea a partir del tercer año.

Una política con enfoque de derechos debe garantizar la homogeneidad de las exigencias, requisitos y condiciones para el acceso a los derechos y bienes sociales de los distintos colectivos extranjeros. Vale decir, la ley no debiera consagrar prioridades nacionales, ya sea porque pertenecen a algún acuerdo de reciprocidad o a algún acuerdo internacional como el MERCOSUR, en fin. Si es que vamos a fundamentar la política migratoria en los derechos humanos, los derechos no pueden estar distribuidos jerárquicamente en función de la pertenencia nacional de los sujetos.

La ley debe incorporar el principio de simplificación de las categorías migratorias. La multiplicación de visados incrementa la probabilidad de quedar en situación irregular o transitoria, incrementa los trámites administrativos, vuelve más costosos los procedimientos, dificulta además el acceso al trabajo ya que los empleadores prefieren a migrantes con permiso de residencia definitiva que aquellos que están en algunas de las decenas de procedimientos transitorios que existen actualmente y que están presentes en los proyectos que están circulando. Aquí lo que se propone, en concordancia con la gente del MAM, es una visa polifuncional por un año, renovable por un segundo año. Vale decir, una visa para venir a buscar trabajo fundamentalmente, que dure un año y que permita terminar con la mentira de utilizar la visa de turista para venir a buscar trabajo. Considero además que no hay ningún argumento consistente para buscar separar en distintos sistemas normativos los distintos proyectos migratorios. No hay ningún problema para que una misma visa pueda acoger distintos proyectos migratorios, ya sea de trabajadores que vienen por una temporada, de gente que viene a trabajar eventualmente con un proyecto más abierto, de gente que viene a estudiar y luego encuentra un trabajo, en fin. Es decir, una visa que permita esa flexibilidad que tiene la vida de los migrantes.

Garantizar el tránsito entre las categorías de visa. Cuando no ocurre esto lo que pasa es que se generan incentivos para que vengan extranjeros y al mismo tiempo no se generan incentivos para que salgan de la regularidad, que es lo que ocurre hoy en día con la visa sujeta a contrato.

La participación de la sociedad civil. Me parece necesario que en la nueva institucionalidad migratoria esté garantizada y consagrada la participación de la sociedad civil. Ya sea a través del Consejo de política migratoria, o a través de alguna otra institucionalidad que se defina. Vale decir, la sociedad civil migrante debe participar en la formulación de la política migratoria, porque es lo que va a hacer a la política migratoria sostenible en el tiempo.

Consagrar la autonomía del Estado chileno. Es decir, no consagrar en la ley el reconocimiento a priori de ninguna condena ejecutada por otro Estado como requisito de ingreso o de la permanencia en el país. De otro modo se podrían vulnerar en Chile, derechos que el Estado chileno ha decidido respetar en virtud de reconocer los criterios del Estado.

Una política basada en el enfoque de derechos debiera suspender la expulsión de cualquier ciudadano extranjero con residencia definitiva como recurso sustitutivo de los definidos en el sistema judicial que afectan a cualquier ciudadano chileno. Aquí naturalmente que hay excepciones y hay situaciones específicas como los casos de los condenados que tienen hijos en el país de origen y se vulneran los derechos de los hijos si es que las condenas se ejecutan en Chile.

La política con enfoque de derechos debe ser consistente en el tiempo. No sujetar el acceso a los derechos a una política que esté mirando la situación del país. No condicionar la política migratoria al devenir de la economía, si estamos o no estamos en crisis, o a las necesidades que se identifican de manera contingente. Si vamos a asumir que la migración es un derecho, al garantizarlo en la política migratoria no debiera cambiar en función de las necesidades de la economía, ya sea de mediano o de largo plazo.

10° Es recomendable que la injerencia del reglamento sea lo más baja posible y que esté todo lo que tiene que ver con el acceso a derechos, consagrados, asegurados y sancionados en la ley.

El Estado no estaba preparado.

Rodrigo Sandoval.

Jefe del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior de Chile.

Algunas consideraciones. Soy jefe del Departamento aludido, pero voy a hablar a título personal. La primera declaración es que no soy un experto en migraciones, y esto siempre es importante dejarlo claro. Yo llegué a este cargo y desde ese momento me puse a estudiar este tema, por lo tanto, lo que van a escuchar son las impresiones de una persona que lleva dos años y medio conociendo, sorprendiéndose y aprendiendo día a día. Lo cual, por un lado, es un problema que significa una sobre exigencia en términos del estudio y un riesgo para el tema respecto a las locuras que a uno se le ocurren. Pero, por el otro lado, también permite tener un acercamiento bastante desprejuiciado respecto de lo que uno debe o no debe, puede o no puede hacer.

Cuando hoy día todo el mundo está hablando del tema migratorio, parece que hay algunas cuestiones que se dan por supuestas, pero parece que no están tan claras. De partida, ¿qué es una política migratoria? Y quizás puede ser útil entenderlo en el sentido de que una política migratoria enfrenta dos intenciones. Por un lado, ustedes tienen a un Estado que lo que le interesa es poder regular, incidir o determinar quien entra, quien sale, por cuanto tiempo, a que viene, como afecta la economía, etc. Hay un Estado que trata de controlar. Y, por el otro lado, tienen a una persona que trata de hacer su vida, que trata de tomar decisiones, que trata de ayudar a su familia, que trata de trabajar en su colectivo. Y existe una evidente contradicción entre el que quiere controlar y el que no quiere ser controlado.

En la forma en que le demos mayor o menor preponderancia a uno de esos roles, vamos a definir una política migratoria más o menos restrictiva. Esto que parece tan obvio es muy importante a la hora de entender de qué estamos hablando. Porque las distintas opiniones que se están dando en el último tiempo, y concuerdo con Eduardo cuando señala que este debate nos pilló a todos perplejos. Parece que no nos diéramos cuenta de que es lo que estamos discutiendo. Entonces aparecen soluciones, ideas, pero cuesta entender hacia donde abordan, hacia donde avanzan esas ideas.

Entonces alguien dice “hay que controlar mucho en frontera”. Bueno, si el problema nunca ha sido el control, Chile no se caracteriza por tener un control de frontera muy relajado, todo lo contrario. Entonces el problema no es qué condiciones le pongo a la persona para poder ingresar. El problema es si esa persona, una vez que yo le diga que no entre, está dispuesta a volver a su país de origen o si va a entrar de forma clandestina. Esas son las cosas que van haciendo compleja estas decisiones.

Desde el punto de vista del Gobierno, uno tiene que reconocer que no existía la capacidad para hacerse cargo de este tema porque el Estado no estaba preparado.

En primer lugar, porque nadie en el Estado tiene condiciones para poder entender el fenómeno migratorio. Este fenómeno es complejo, para empezar porque es una manifestación masiva del espíritu humano, y el espíritu humano nunca es simple. Por lo tanto, las decisiones que toma un migrante, lo que está dispuesto a hacer, lo que no está dispuesto a aceptar, el cómo se puede enmarcar, y qué capacidad tiene el Estado  de poder predecir esos comportamientos, poder determinarlos, y además si es que tiene derecho a hacerlo, es una cuestión muy compleja y que en Chile no existe el desarrollo ni académico, ni técnico, ni profesional, ni menos administrativo, para poder entenderlo.

Por lo tanto, el debate migratorio uno lo ve súper marcado por un gran voluntarismo. De verdad aquí los actores políticos pensamos que tenemos capacidad para controlar quien entra y quién no entra. Y eso no es así. Chile particularmente es un país que se caracteriza por tener la frontera más larga en comparación a la superficie que tiene y en comparación a la población que posee. Tendríamos que poner a toda la población chilena tomada de la mano a lo largo de nuestra frontera para tener un control absoluto de la misma. Uno tiene que entender que la realidad migratoria chilena va a convivir siempre con una tensión importante del ingreso clandestino. No basta con quererlo. Usted puede llenar de tanques la frontera, pero la experiencia no solamente en Chile, sino en el mundo, demuestra que la migración sobrepasa los controles. Por lo tanto, los voluntarismos tienen que dar lugar al realismo, las medidas migratorias hay que tomarlas desde un punto de vista de que lo de verdad estamos en condiciones de hacer y sabemos que podemos hacer.

En segundo lugar, la migración tampoco es un espacio en el cual tengamos un debate de egos, o conceptuales. Aquí parece que estuviéramos tratando de imponer una tesis, en lugar de incidir en cómo se define la migración, o como respetamos o determinamos la vida de esas personas que migran. Esos dogmas nos hacen pensar que aquí basta con tener la razón para resolver el problema, y la verdad es que no es así. Yo les puedo asegurar que quienes llevamos cierto tiempo trabajando en este tema, tenemos toda la razón respecto de cómo es la migración, pero aún así esta pelea no la hemos ganado. Por lo tanto, no basta con tener la razón.

Hay que entender que puede haber un grupo de personas o un sector de la población que entiende perfectamente que la migración no es un peligro, que la migración es positiva, que le hace bien a Chile, que es necesaria. Pero la gran mayoría de la población no está en ese debate. Fuera de estas rejas hay mucha gente que tiene miedo por la migración, que cree que de verdad le quitan el trabajo, que le falta información. Entonces es necesario tener un poquito menos de Twitter, un poquito menos de Facebook y un poquito más de radio u otros medios de información seria.

Hay un sector importante de la población que necesita tener información para poder formarse un juicio adecuado. No podemos vivir enjuiciando a aquellos que miran de forma distinta la migración porque muchas veces esos juicios responden a una tradición que como Estado le hemos proporcionado y, además, porque carecen de la información para poder formarse una opinión acabada.

Asimismo, son muy peligrosos los atavismos, o las medidas más conservadoras en términos de cómo contener la migración. Esta tontera de pensar que porque yo le pongo visa a una nacionalidad, esa nacionalidad va a dejar de venir a Chile, es una cuestión del siglo pasado. Y ya en el siglo pasado no funcionaba. Las herramientas que pueden tener los Estados para poder incidir en la migración ya son distintas. Esto es como la pelea de la droga, definitivamente la forma en cómo se ha estado abordando ya no funcionó, hay que buscar otras formas. Si nosotros llevamos decenas y decenas de años trabajando con la migración en una lógica de contención, restrictiva e impositiva, definitivamente eso ya no resultó. Por lo tanto, hay que explorar nuevas formas y hay que tener el conocimiento, pero sobre todo el coraje para poder avanzar en esas nuevas alternativas.

En cuarto lugar, el tema de la imposición. Puede que en 1975, cuando se instaura el Decreto Ley 1.094, hayamos tenido posibilidad de imponer a ese migrante si puede entrar o no. Pero eso hoy no es real. Hoy la migración es líquida, lo que no entra por la vía formal tiende a entrar por la vía informal. Lo que nosotros tenemos que entender es que la imposición tampoco tiene mucho espacio en el debate migratorio. Por lo tanto, hay que dar lugar a la cooperación. No solo desde el punto de vista de la cooperación con la sociedad civil, que hoy día tienen todas las políticas públicas como requisito sine qua non que tienen que incorporar dentro de sus diseños, sino que también la cooperación internacional. Es casi cándido suponer que vamos a resolver las temáticas de la migración desde las fronteras hacia dentro.

Hay algo que está pasando en Puerto Príncipe, hay algo que está pasando en República Dominicana, hay algo que está pasando en Perú, en Ecuador, en Colombia, que hace que esa gente venga, y que venga en las condiciones que viene, y que esté dispuesta a hacer lo que haya que hacer para poder entrar. Tampoco se puede pretender que nosotros vamos a poner teflón alrededor de nuestra frontera y nos vamos a desentender de lo que sucede en otros países ya que eso claramente incide en lo que sucede con la migración en Chile.

Como desafíos del Gobierno, en primer lugar hay entender que nos falta mucho por entender. A mí me da mucha pena escuchar a actores de Gobierno, del Parlamento, que hablan desde una falta de conocimiento, desde una soberbia de suponer que ya saben todo lo que necesitan saber para poder opinar. Y en eso hay un ejercicio importante para los centros de estudio, para nosotros que somos los organismos técnicos, para la academia y para la sociedad civil de no solamente demandar acciones de parte de esos actores políticos, sino además exigir un determinado nivel de conocimiento y comprensión del fenómeno, para no terminar hablando de aquello que no es lo que está sucediendo.

Segundo, el Gobierno tiene como objetivo el tema de gestionar. Nosotros no podemos esperar que haya una ley de migraciones para atender las urgencias de la migración. Cuando llegamos hace dos años y medio, a los extranjeros infractores de la ley de migración se les quitaban sus documentos de identidad, tanto de su país de origen como de Chile y andaban por la vida civil con una tarjeta de infractor. Vayan a buscar trabajo ustedes presentándose con esa tarjeta. Ese tipo de cosas sucedían aquí hace dos años y medio. No podíamos esperar a la ley para resolver ese tipo de cosas. Hay una serie de medidas administrativas que hemos tomado respecto de eso. Tenemos una nueva visa que es la visa por motivos laborales, que tiene defectos obviamente, no es la solución para todo, pero es un estadio notoriamente superior a lo que era solamente la visa sujeta a contrato como única herramienta de origen laboral para fines migratorios.

Finalmente el tema de la ley. No voy a entrar en detalles, pero lo importante de la ley, creo yo, es exigir. Exigir a nuestros actores el conocimiento, la comprensión y la humildad para entender que no estamos hablando de matemáticas, no estamos trabajando en un laboratorio. La migración, insisto, es un fenómeno social, es un fenómeno complejo, es un fenómeno en el cual no puede haber un brillante que porque fue a darse una vuelta a Canadá viene a decir que hay que instalar el modelo canadiense, porque la realidad económica, institucional, geográfica, educacional, cultural e histórica de Canadá es muy distinta y le permite tener un modelo selectivo como el que tiene. Muy distinta a las posibilidades que tenemos nosotros. Canadá no tiene una presión de esquimales o de norteamericanos tratando de ingresar de forma clandestina a su territorio, como sí nosotros la tenemos respecto de nuestros vecinos. Por lo tanto, el suponer que nosotros vamos a tener las posibilidades de selectividad que tiene Canadá, aun asumiendo que corresponde tener selectividad -que es una cuestión opinable- es una cuestión casi infantil. Hay que tener mucho cuidado con estas ideas exportadas. Lo que funciona en otros lugares no necesariamente funciona acá.

En términos de los desafíos aquí hay una cuestión política súper interesante. La izquierda en Chile no tiene el problema que tienen otros países que desarrollaron una especie de exacerbación nacionalista, ya que ese espacio acá lo ocupó en buena parte algún sector de la derecha. La izquierda aquí no tiene ciertas tensiones que hay en otros lugares y que la complejizan al enfrentarse al tema migratorio. El problema sí lo tiene la derecha, porque la derecha tiene ahí una contradicción. Mientras a propósito de bienes, servicios, información, capital, cultura, su discurso es el de la libre circulación; en términos de la movilidad de personas ellos tienen una contradicción respecto a que ponen unas barreras respecto a la persona que además es titular de los demás bienes. Entonces hay un espacio político sumamente interesante.

Yo lamento mucho que no hayamos tenido el proyecto de ley ya en el Congreso y debatiéndose en el Congreso cuando ganó Trump. Porque si hubiese pasado eso, habríamos tenido a toda la derecha pasando al pizarrón, que complejiza la posición de la derecha tratando de demostrar que no eran como él. Quiero decir que hay un tema que complejiza la posición de la derecha y esa es una cuestión que en términos políticos es importante ocupar.

Estoy de acuerdo con Eduardo en que es muy bueno que la migración haya entrado en la agenda. Y estoy de acuerdo en que es mejor que esté a que no esté. Y también estoy de acuerdo en que entró de la peor forma posible. Lo que los actores políticos tenemos que tener mucho cuidado, y tenemos que tener la responsabilidad a través de nuestros parlamentarios y dirigentes de imponer, es que el que haya entrado al debate no significa que también la contingencia se haga cargo de los énfasis y de las urgencias del debate.

Voy a ser el principal opositor de que el proyecto de ley entre con urgencia al Congreso. Porque un debate con urgencia en un año electoral va a sacar un mono con orejas de burro. A nadie le conviene eso.

La migración es un debate necesario. Es un debate que es importante que se haga en forma amplia. Es un debate que ningún sector puede pretender autorreferenciarse como el “autoritas” al respecto. Porque la migración termina definiendo la fisonomía sociocultural del país de los próximos 20, 30, 40, 50 años. Hoy día los pecados que estamos pagando de la migración son los que cometimos hace 20 años porque no tomamos las decisiones como bien decía Eduardo. La migración no la podemos ver en razón de la gente que está entrando o está dejando de entrar o no quiere entrar. Tenemos que ver lo que va a pasar en 30 años. Tenemos que darnos cuenta que cada vez las personas gracias a los medios de comunicación y a la digitalización de la información, cada vez personas de lugares más lejanos tienen más noticias de lo que es Chile. Por lo tanto, Chile está en la vitrina de más gente. Cada vez esas personas -por la baja del costo de los medios de transporte, como también la facilitación de los mismos, y la misma globalización- tienen más interés por entrar a Chile. Sin embargo, y aquí no hay que equivocarse, Chile no es el paraíso. Chile tiene condiciones coyunturales que la hacen atractiva a la migración.

Tenemos algunos estudios que dan cuenta que dentro de los distintos motivos que las personas tienen para migrar, está la calidad de vida, está el ambiente familiar, está la integración, está el desarrollo profesional, y están las finanzas. Las personas que migran a Chile se manifiestan satisfechas solo por el tema de las finanzas. Pero dicen que su calidad de vida no mejoró, que su ambiente familiar está perjudicado, no se sienten acogidos. Y, además, en términos de desarrollo profesional no le reconocemos sus títulos profesionales, cuestionamos su experticia, pensamos que porque son de Latinoamérica son pencas. Y, por lo tanto, entre vivir y ganar un poco más en Chile, pero tener déficit en estas cuatro áreas que les dije, versus tener una vida quizás un poquito más digerible en otro lugar, aunque se gane un poco menos, o quizás en lugares donde ganar un poco menos no es tan importante, puede hacer que Chile deje de ser el atractivo migratorio que tiene hoy día. Porque aún siendo el principal destino más atractivo de la región en términos de recursos y de estabilidad política, solamente tenemos un tres, y con suerte un 3,5% de migración en Chile. Cuando tenemos otros países como Argentina que tienen un 4,6%. Esto significa que a Chile es difícil llegar. Cuando las condiciones mejoren en otros países, vamos a dejar de ser tan atractivos.

Finalmente, dejar el desafío. Hay un espacio realmente enorme para la incidencia política en materia de migración. Yo solamente voy a hablar de la experiencia de lo que es la historia de la Democracia Cristiana (DC). Cuando nosotros teníamos elecciones y nos empezaba a ir mal, siempre alguien (sobre todo los más viejos) nos decía “no, tranquilos, ya viene el voto campesino”. Bueno, la verdad es que el voto campesino cada vez es más irrelevante, pero eso habla de una constancia. Y es que en el sector campesino siempre existió un gran reconocimiento a lo que la DC hizo en algún momento de la historia de Chile. Va a llegar un momento en el cual los migrantes, que cada vez van a ser más en Chile, van a recordar quienes estuvieron o no por su integración. Muchos migrantes piensan volver. Pero hay una gran cantidad que se va a quedar. Y cuando nosotros hoy definimos la integración de migrantes, lo que estamos haciendo es definir condiciones de cohesión social para personas que van a ser parte de nuestra sociedad tarde o temprano. O más temprano que tarde.

Generar puentes.

Tatiana Albuja.

Presidenta del Consejo Consultivo de Migraciones, vocera del Movimiento Acción Migrante.

Antes que nada quisiera indicarles que soy fundadora del Movimiento Acción Migrante, que es una iniciativa de ocho agrupaciones de la sociedad civil, y que nacimos de una iniciativa que se dio en el Senado de Chile a través de las mesas temáticas de la sociedad civil. Ahí nos reunimos varios dirigentes de algunas colectividades, entre ellas el Colectivo Ecuatoriano por la Ciudadanía, que es el colectivo que me delega a la mesa temática. Y finalmente entre uruguayos, haitianos, colombianos, peruanos y nosotros empezamos a reflexionar sobre nuestra calidad de vida acá. Y nos dimos cuenta que habían muchas cosas que definitivamente tenían que ver con el Decreto Fuerza de Ley que se creó en la dictadura en 1975.

Desde ese momento empezamos a sentir de una manera reflexiva que en Chile los migrantes vivamos en un Estado de excepción. Es decir, la dictadura para las migraciones todavía existe hoy. Entonces decidimos formar el Movimiento Acción Migrante porque la instancia de las mesas temáticas era un espacio de incidencia un poco menor. Y necesitábamos hacer una incidencia política no solamente en el Senado sino en la Cámara de Diputados, en el Gobierno central, en los gobiernos locales.

Esa fue la gestión que empezamos a hacer. Ya llevamos tres años de este camino, donde a pesar de las coyunturas que han sido varias -porque la vida del inmigrante no es fácil- empezamos a presionar y visibilizar la necesidad de este cambio de ley para que Chile pueda tener una mejor calidad de vida no solamente para nosotros, sino para todas y todos en general. Porque nosotros partimos de que en el territorio en el que estamos, es el territorio al que nosotros pertenecemos, independientemente de la geografía que nos haya visto nacer.

Una de las cosas que veíamos dentro del Decreto Fuerza de Ley es que la residencia que nosotros teníamos, que fomentaba la irregularidad, se daba porque en Chile la residencia está condicionada al contrato de trabajo laboral dependiente. Es decir, un inmigrante que viene, por ejemplo, por cuenta propia o a ejercer un oficio no puede tener una residencia por eso. Esto genera un incumplimiento a la convención internacional para la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y sus familias. Porque ya la convención que tiene 11 años de haber sido ratificada por Chile establece que si la residencia está condicionada al empleo, no necesariamente tiene que ser solo al contrato laboral dependiente. Ustedes se imaginarán que un país como Chile, donde tiene un gran porcentaje de personas que están trabajando a honorarios, pedirle a un inmigrante que tiene pocas redes, que tenga un contrato indefinido y que tenga además la obligación de que el empleador le compre el pasaje de vuelta, no es fácil. A pesar de que, como dice Rodrigo, este Gobierno ha tomado algunas medidas que han podido apoyar, como la residencia condicionada a la visa de contrato laboral que está ahora, igual sigue dependiendo del contrato laboral dependiente.

Por otro lado, también nosotros hemos visto que había un gran problema con respecto a que en Chile no existe una visa para personas que vienen por desastres naturales, por ejemplo. En Haití hay un desastre natural enorme y no se tiene una visa para que las personas puedan venir. Eso genera que se cree este tráfico de contratos falsos donde no le conviene ni al país ni tampoco a los inmigrantes, porque el inmigrante que no tiene un trabajo dependiente de verdad simplemente se convierte en una mano de obra barata sujeto a la explotación, sin capacidad de sindicalizarse, sin capacidad de organizarse, y por lo tanto absolutamente vulnerable. Y eso también lesiona las redes sociales, las redes laborales que nosotros necesitamos tener. Un inmigrante no puede estar solo en un país. Un inmigrante necesita y necesitamos todas las redes posibles para poder estar incluidos en el país que nos acoge. Y también necesitamos el contacto con nuestros países de origen. Entonces es verdad lo que dice Rodrigo Sandoval que en la medida que los países también resuelven sus propias crisis, evidentemente no tienen necesidad de emigrar. Y a eso vamos, a la integración.

Una reflexión que nosotros como inmigrantes y como parte del Movimiento Acción Migrante hacemos. Vemos que la política exterior que tiene Chile habla de la ciudadanía sudamericana en la UNASUR, habla de la libre movilidad en las conferencias Sudamericanas pero, sin embargo, cuando se genera en la reflexión sobre el día a día de los migrantes acá, vemos que eso no es real. Hay un desafío que tiene Chile de crear los mecanismos necesarios y suficientes para que estas grandes y buenas intenciones que tiene el país en su política internacional, llegue finalmente a realizarse. Porque si no parece como si la política exterior de Chile fuera el mundo de Bilz y Pap, y acá en Chile se viviera de otra manera. No hay una coherencia.

Hablando de las coherencias, también nos parece importante que en el nuevo proyecto de ley de migraciones haya una coherencia entre los principios. Es decir, si en un anteproyecto de ley existe literalmente el derecho a la migración, no puede tener un sistema de visas burocrático. Y tal como decía Eduardo Thayer, hay una necesidad de crear una visa simple. Ustedes saben, por ejemplo, que un inmigrante puede tener hasta tres carnés de identidad en el año con los costos asociados a eso. Cada vez que un inmigrante cambia de condición social, es decir, si pasa de trabajo a estudiante o se casa, cada vez tiene un carné de identidad nuevo. Y eso justamente provoca la irregularidad, provoca la indocumentación. En ese sentido, lo que nosotros estamos impulsando es una migración donde la regularidad, la regularización sea algo que sea sine qua non para el inmigrante.

Queremos estar regulares en Chile. A nosotros no nos interesa entrar irregulares por pasos clandestinos. Pero también hay que pensar que es el funcionario en la frontera, el funcionario que tiene también una memoria histórica, que tiene atrás un pasado colonial donde lo blanco siempre ha sido lo mejor, obviamente si es que ve a un inmigrante indígena, a un inmigrante latinoamericano, a un inmigrante negro, le surgen las dudas si será una persona conveniente o útil al país. Ahí tenemos un gran desafío de ver quienes mismos somos. Hablo de quienes mismos somos como chilena porque llevo 23 años en este país. A pesar de que no me ha visto nacer, llevo la mitad de mi vida acá.

Vemos que hay una gran posibilidad de crear este entorno de hermandad, este entorno latinoamericano porque todos somos latinoamericanos en este continente. Generar puentes de fraternidad, puentes donde no estemos mirando hacia el norte o hacia el otro lado del mar, si no que nos miremos a nosotros mismos. Porque tenemos una misma historia, una historia de colonización. Tenemos unas mismas estructuras económicas que nos han tenido en el subdesarrollo, tenemos un pasado común, tenemos pueblos indígenas que no están reconocidos. Necesitamos bogar por un país plurinacional y pluricultural. Y estos son los grandes desafíos que tiene la migración también.

Así que la invitación del Movimiento Acción Migrante es sobre todo a la integración, a la inclusión, a mirarnos, a crear esta ciudadanía sudamericana, a olvidarnos de que somos todos solamente blancos. Somos mestizos, somos latinoamericanos, somos personas que tenemos un pasado y un origen común. Realmente las diferencias no son tantas. Tenemos incluso las mismas concepciones religiosas en muchas partes, las mismas creencias. Entonces dejemos de considerarnos todos distintos. Somos latinoamericanos que necesitamos unirnos para abogar por una América Latina mejor, por un buen vivir. Donde el capital, donde los flujos capitales no sean lo único que circulan con libertad sino también las personas. Porque todos somos dignos. Bogamos porque la dignidad no tenga fronteras. Porque hoy día somos nosotros los de otros países los que estamos acá. Pero no se olviden de que ustedes también en los años 70 y 80, en todo ese período oscuro de la dictadura, también fueron acogidos en nuestros países.

 

Leave A Response