¿Qué queda claro tras las elecciones presidenciales?

Publicado en nov 28, 2013 - 5:39pm [974 lecturas] .

1. La segunda vuelta es innecesaria.

En Argentina, hay segunda vuelta solo cuando el candidato más votado obtiene menos de 45% de los votos. Sin embargo, aun puede evitarse la segunda vuelta con menos del 45% si habiendo logrado más del 40% hay una diferencia de más del 10% con el segundo lugar. En Costa Rica, se exige un 40% para evitar una segunda vuelta. Nicaragua tiene un sistema idéntico. Otros países, como Uruguay y Perú, tienen sistema de segunda vuelta como Chile y Colombia, que tenía el mismo sistema, entró a revisar la modalidad tras las últimas elecciones presidenciales cuando José Manuel Santos obtuvo una diferencia de 25% con quien le siguió en las preferencias. En Chile, la diferencia entre el primer y segundo lugar fue de más de 20% y la candidata de Nueva Mayoría no requiere del apoyo de ningún otro candidato para triunfar en segunda vuelta. Por tanto, no se justifica una segunda vuelta y más bien se requiere un cambio que la delimita. Por ejemplo, para ganar en primera vuelta se requiere de la mayoría absoluta de los votos salvo cuando la  diferencia entre el primer lugar y el segundo sea mas de 20%. No está demás señalar que entre la elección y el cambio de mando pasarán 140 días, lo cual es claramente una exageración haciendo necesaria, a nuestra forma de ver, cambiar la fecha de las elecciones, retomando la tradición de la Constitución de 1925 fijando como fecha el 4 de septiembre.

2. Alargar el período presidencial o reelegirse al menos una vez. Cuatro años sin reelección no es una buena alternativa.

El período presidencial en Chile no guarda relación con la formación de mayoría para ganar la presidencia, toda vez que habiendo una amplia mayoría, es razonable que en virtud de ella, exista un sistema de reelección inmediata o, en su defecto, alargar el periodo presidencial a cinco o seis años, de existir una segunda vuelta, reitero. Incluso en caso de modificarse el sistema de segunda vuelta, sigue siendo a dos vueltas por voto mayoritario de la población sin intervención de otro, lo cual constituye un acto de expresión soberana determinante. En este sentido, para el caso chileno resulta razonable establecer una nueva forma de elección de dos vueltas y, al mismo tiempo, alargar el período presidencial a seis años o dos periodos sucesivos de cuatro años.

3. La oposición y futuro oficialismo, mediante acuerdos puntuales, cuentan con votos para hacer cambios significativos sin necesidad de acordarlos con la derecha. Estos son al menos Reforma Tributaria y Reformas Laborales.

Para lograr esto, se requiere de mayoría simple y ni siquiera mayoría en ejercicio. Por ende, podría proponerse una reforma maciza y no solo en términos monetarios, sino en términos cualitativos. Así, por ejemplo, una reforma tributaria que permita abordar una realidad socioeconómica desigual mejorando la distribución del ingreso, que se proponga una corrección en las normas a favor de las PYMES, que se plantea una institucionalidad pública y estatal proba, y más encima, que logre una mayor recaudación, es totalmente factible. En esta línea, de ser urgente, el debate debe realizarse empero con las cartas arriba de la mesa y con un gran enfoque ciudadano que pueda comprender y captar las múltiples dimensiones de esta Reforma. Además, con toda seguridad el gran empresariado -los más neoliberales y los partidos de derecha- entregarán argumentos en contra de la reforma, dirán que afectará el empleo, el crecimiento y dibujarán el panorama apocalíptico de siempre. El modo de derrotar esta defensa de las grandes ganancias de unos pocos no será negociando una reforma de espaldas al pueblo. De iguales rasgos debe ser la reforma laboral.

4. Un nuevo sistema electoral debe ser prioridad y debe ser aplicable para las elecciones del 2017 o, a más tardar, 2021.

El cambio en el sistema binominal ya no puede ser el que se estaba discutiendo, que estaba basado en una proyección del binominal mediante la mantención de la paridad, sea eligiendo dos, cuatro o seis parlamentarios. Es imprescindible la constitución de mayorías para avanzar hacia el fin de la tiranía de la minoría. Es preferible un modelo proporcional con un nuevo diseño de participación en política que facilita la constitución de partidos y dificulta su disolución, que promueva nuevos limites al gasto electoral y que el Congreso se elija con números impares, que mantener por la fuerza el acuerdo con RN hasta ahora discutida. Por lo demás, el reciente rechazo del cambio constitucional que elimina la mención al número de diputados en la Constitución, conocido como Reforma al “guarismo”, como resultado de la oposición de la UDI será parte del pasado en unos meses cuando este partido no tendrá los 39 diputados que ostenta hoy. Esto impone un cambio en el diseño de lo que hasta ahora se ha conversado en línea con las nuevas y aumentadas mayorías que existen.

5. El voto debe seguir siendo voluntario.

La incultura política, y en general la incultura, es propio de los pensamientos y ideologías más retrogradas, aquellas que reducen la realidad y evitan la comprensión compleja de la misma. El voto voluntario en Chile ha castigado a la derecha y está permitiendo discutir la calidad de la democracia en Chile como nunca antes. La preocupación por restablecer el voto obligatorio si bien es legítima del punto de vista de la inquietud por la baja participación, tampoco se justifica cuando todavía tenemos un sistema binominal dado que lo hará más participativo de lo que realmente es. Los principales interesados hoy en promover la obligatoriedad son los partidos que más perdieron con el voto voluntario, cuestión que es natural pero no sintoniza con la necesidad principal hoy que es terminar con el sistema binominal.

 

Por

Carlos Arrue

Encargado del Área Legislativa, ICAL

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