El Concejo Municipal: Posibilidad de repensar la democracia comunal

Publicado en Sep 6, 2013 - 7:49pm [1.714 lecturas] .

Por

Claudio Rodriguez

Encargado del Área de Desarrollo Local

El V Congreso Nacional de Concejales a realizarse entre el 10 y 13 de septiembre en La Serena, representa una oportunidad inmejorable para repensar el municipio y les exige un esfuerzo cualitativamente distinto, crítico y autocrítico de su praxis sociopolítica.

Los Concejales se han organizado en los últimos años a través de capítulos regionales. Tanto en estos espacios como en los Congresos anteriores el debate ha adquirido un carácter marcado por el corporativismo, cruzado por  legítimas demandas de las condiciones –infraestructura, equipamiento, estipendios, por nombrar algunas- en que se ejerce una concejalía. Ello ha conllevado una paulatina despolitización de estos espacios, que podrían ser de alta importancia para los procesos de Reforma y mejoramiento del Municipio en el país. Este proceso de despolitización, a su vez, puede explicarse por motivos tanto internos como externos, es decir, factores asociados tanto a las limitaciones de la propia institucionalidad municipal de nuestro país, como del contexto político en que se desarrolla la práctica o ejercicio municipal.

Por una parte, el Concejo Municipal es el principal espacio político a nivel comunal, por lo que debiese representar los distintos intereses de los actores locales que son parte de la comuna. Sin embargo, creemos este espacio no ha sido ajeno a los vaivenes y derroteros del largo proceso de transición democrática vivida en el país. El acuerdo político sellado al fin de la dictadura propició un proceso de democratización política que, si bien fue de baja intensidad y cuyos enclaves autoritarios –como el binominal- aún se mantienen, posibilitó una mayor representatividad de las autoridades a través de la elección por voto popular. Esto permitió  una importante reforma en el plano municipal, democratizando estos espacios a través de la elección de alcaldes y concejales, a partir de las elecciones de 1992, aunque manteniendo en lo esencial la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades proveniente del período dictatorial.

La construcción democrática comunal de transición

Si bien ello representó un avance, conllevo su propio límite. La democratización y participación que se buscó en la post dictadura estuvo condicionada por el acuerdo de gobernabilidad suscrito por la Concertación y la Derecha. Ello generó un escenario que fue abriendo espacios de democratización política institucional, pero que no fue acompañada de un proceso de democratización a nivel social. Por el contrario, el acuerdo cupular implicó una desmovilización de los actores sociales y de los propios partidos, quienes cooptados por el Estado perdieron vínculo con la base social.

Este contexto fue propicio, por otra parte, para el continuismo del municipalismo en los marcos que se desarrolló el trabajo en dictadura: un espacio muy condicionado a la figura del alcalde, quien representa la centralización del poder político a nivel local. Ello permitió a su vez que las prácticas paternalistas y sobre todo el clientelismo operara con fuerza, ahora de manera más transversal en lo político y legitimado desde la voluntad popular. En este cuadro, creemos, el rol del Concejo Municipal queda muchas veces remitido a una suerte de trinchera del quehacer local, con pocas atribuciones para poder ejercer un contrapoder a la figura del alcalde, así como a aportar con más fuerza al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes y comunidades. Así, en síntesis, tenemos un espacio político eclipsado por los acuerdos nacionales que delimitaron la transición política y por el continuismo de la institucionalidad municipal y sus prácticas heredadas de la dictadura.

Hacia una nueva democracia comunal

No obstante, debe reconocerse de parte de distintos actores esfuerzos por romper este cerco. Distintas experiencias en el ámbito de la gestión municipal se han mostrado innovadoras en este sentido, como lo demuestran por ejemplo experiencias sistematizadas por el programa de Innovación Ciudadana, de la Universidad de Los Lagos. Ello permite pensar que no solo es el marco estructural el que determina el ámbito del trabajo y la gestión política de los municipios, sino que también pasa por la voluntad política de los diversos actores de construir nuevas relaciones y experiencias a nivel local.

Probablemente hoy sea hora de mover estos límites hacia otro tipo de municipio. El contexto de creciente movilización social, potenciado a partir de la fuerza y convocatoria de las movilizaciones estudiantiles y regionales desde 2011, va generando que el límite de lo posible sea más ancho para los sectores progresistas y para el mundo social. La configuración de un nuevo ciclo político en Chile, va dejando atrás la política de los consensos, y valida el conflicto como espacio de construcción política. En este marco, la conflictividad local ha adquirido mayor relevancia, cuestión a la que los municipios no han estado ajenos, como ha ocurrido por ejemplo en los casos de Diego de Almagro – con el apoyo y rol jugado por el municipio en la movilización de los contratistas en 2007 -, posteriormente Punta Arenas, Calama, Freirina, o recientemente con el rol jugado por el municipio de Tocopilla en la movilización de la ciudad.

Este escenario nacional, creemos, abre posibilidades para comenzar a repensar un nuevo tipo de municipio, con más vinculación con los actores y demandas ciudadanas. Ello debe ser recogido para que un proceso de refundación de los municipios entregue a éstos las capacidades para ser gobierno local, pero no de forma desconcentrada, sino como espacio donde el poder sea ejercido de forma más horizontal con los actores y la ciudadanía. Ello implicará necesariamente repensar el rol del Concejo Municipal y los propios Concejales. El “Proyecto de ley que perfecciona el rol fiscalizador del Concejo; fortalece la transparencia y probidad en las municipalidades, crea cargos y modifica normas sobre personal y finanzas municipales”, actualmente en tramitación, si bien es un avance en algunos aspectos, pone énfasis en los mecanismos que permitan mejorar la gestión y consolidar la lógica neoliberal de concebir el municipio. En este sentido, no representa ningún avance sustancial en la materia.

En perspectiva de futuro, el Concejo Municipal debe pensarse en clave descentralizadora, tanto política como financiera,  donde sea un órgano capaz de conjugar los procesos de planificación y gestión local, con las movilizaciones, demandas y participación protagónica de los actores, organizaciones y dirigentes, en la búsqueda de un mejor vivir para sus comunidades.

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