La derecha chilena en su laberinto

Publicado en Jun 17, 2013 - 12:06pm [2.038 lecturas] .

Por

Juan Andrés Lagos

El reciente “monólogo” televisivo a dos voces, entre Longueira y Allamand, ha confirmado que la derecha chilena tiene un rumbo político que no va a cambiar.

Tal definición incluye al gobierno del Presidente Piñera.

Se trata de una postura de defensa de la institucionalidad política y económica, y de su representación parlamentaria  fuertemente  sobredimensionada  por el sistema binominal.

Es una estrategia agresiva, sorprendente para algunos, pero que recoge la vieja tradición oligárquica de “tirar el mantel” cuando las cosas no se dan como se quiere.

Todas las encuestas, incluidas las que La Moneda conoce bien, pero no son públicas, muestran que la derecha no repunta su votación histórica. Está estancada, e incluso con el claro riesgo de bajar un poco más.

La derecha chilena no tiene ningún respaldo social estable, significativo.

Su apuesta tras el desplazamiento de Pinochet del poder absoluto, fue institucionalizar una política de consensos, por arriba y en todo el tejido institucional, sobre la base de una política de contención, fragmentación, represión y clientelismo del mundo social y ciudadano.

Esto le favoreció durante la década de los noventa (en que elecciones mediante, le quitó al centro político un millón doscientos mil votos). Principalmente a la DC, pero también a otros partidos que se ubicaron en ese espacio político-electoral.

Hay que tener presente que, en este escenario, la derecha tiene una votación que ostenta día a día, como un factor “democrático de poder”. Y eso se refleja en el parlamento y en los municipios, principalmente.

Todo cambió cuando, en paralelo, y simultáneamente, en Chile se instaló una creciente y ascendente crisis de representación, que golpea a toda la institucionalidad política; y una expresión social, popular y ciudadana, que no se detiene y superar el carácter episódico y fragmentario de ciclos anteriores de movilización.

En medio de esa crisis,  latente y por momentos manifiesta, la derecha llegó al gobierno por vía electoral, asunto que no ocurría hace décadas. Pero a poco andar quedó pasmada porque todo lo que hizo en cambios y reformas fue insuficiente. Su programa, atinado para un período anterior de política de consensos, simplemente recibió el creciente rechazo ciudadano, y eso ha seguido ocurriendo.

La crisis de representación; las movilizaciones; la crisis de la política de consensos como forma estructural de gobernabilidad, simplemente golpearon de tal forma a la derecha, que el escenario que había construido y del cual fue parte sustantiva en décadas, ya no tiene asidero para sus políticas estratégicas.

Aún así, no se puede descontar el  intento de la derecha por incidir en el rumbo político que tome el centro, o parte de él.

Ha vuelto a las caricaturas de la “izquierdización” de la oposición; incluso llega al extremo semántico de hablar de la “nueva UP”, con la Democracia Cristiana incluida…

Pero tiene fuerza para empujar. Su base más peligrosa e incidente es la hegemonía de los medios de comunicación que actúan bajo su entera direccionalidad. Pero también los intentos para fragmentar a una oposición que tiene, todavía, severas contradicciones programáticas y políticas.

La derecha tiene todavía bastante capacidad para dibujar un escenario político-mediático favorable a su interés principal, cual es, sostener poder institucional y disponerse a provocar crisis en los cuatro años que vienen.  Incluso, polarizando, mostrarse como factor de orden, gobernabilidad y disciplinamiento político-social.

En el contexto regional e internacional, esta derecha es parte muy protagónica del intento norteamericano por construir una alternativa al grueso camino hacia la integración que se expresa en CELAC; UNASUR; MERCOSUR y ALBA. Ahora tiene centrado sus esfuerzos en darle vida a la Alianza del Pacífico, incluso junto con “aceptar” que Estados Unidos sea integrante observador de la Alianza, se busca establecer una interacción con la guerrista OTAN, sistema militar euro-norteamericano que se estableció durante la Segunda Guerra Mundial, que tiene bases en toda Europa y que ha jugado un papel en Africa, Oriente Medio y Asia-Pacífico.

Los diferendos limítrofes que Chile tiene con Perú, Bolivia y latente con Argentina, hay que ubicarlos en este escenario.

Pero la derecha no es el único actor y sujeto socio-político de Chile. Entonces se requiere considerar el cuadro completo, asumiendo que la oposición tiene al frente a un adversario contundente, y a la vez una oportunidad y desafío histórico muy potente.

Ese es un gran tema para otro artículo.-

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