El grito de Guangualí por el agua

Publicado en Jun 19, 2013 - 12:41pm [1.914 lecturas] .

Por

Daniel Núñez, sociólogo y candidato a diputado del PC por el Distrito 9

Las últimas lluvias en la Región de Coquimbo han reverdecido los cerros y campos. En las comunas costeras como Los Vilos y Canela ha renacido la flor de mayo, la que contrasta con el ocre de la tierra reseca por la sequía. Pero el agua que aportaron las milagrosas lluvias de junio no debe llevarnos a engaño.

El agua caída es sólo un pequeño alivio que no resuelve la problemática que se arrastra por largos años, pues la sequía continúa y la desertificación avanza en forma implacable. Según la Dirección General de Aguas, se necesitan tres años de lluvias normales para que se recuperen los niveles normales de los embalses de las provincias del Limarí y Choapa. Por lo tanto, los 30 milímetros acumulados a la fecha no alcanzan ni para que germine la esperanza de un cambio de tendencia.

Por su parte, el Ejecutivo ha tenido una actitud irresponsable frente al flagelo de la sequía. Las políticas que impulsa la administración de Sebastián Piñera se caracterizan por anuncios grandilocuentes que tienen un impacto sumamente acotado y por la ausencia de propuestas de mediano y largo plazo.

Sólo con la movilización social de las comunidades afectadas se ha obligado al gobierno a adoptar una serie de medidas paliativas que, si bien ayudan a enfrentar la emergencia, no apuntan a las soluciones de fondo.

La única propuesta de mayor alcance que se ha escuchado por parte de las autoridades fue la desafortunada frase del subsecretario del Interior y Delegado Presidencial para la Sequía, Rodrigo Ubilla, quien propuso a las provincias del Limarí y el Choapa dejar de lado la agricultura y reconvertirse a la actividad minera. De todas formas, se agradece la franqueza de Ubilla, pues devela la única propuesta de Piñera frente al problema: Expandir la gran minería y poner fin a la cultura agrícola.

La profundidad del daño que ha provocado este flagelo es incalculable, especialmente para los campesinos, crianceros y comunidades agrícolas.

Por esta razón, fue exitoso el cabildo ciudadano realizado el pasado 8 de junio en la media luna de la localidad de Guangualí, comuna de Los Vilos, donde se congregaron más de 400 representantes del mundo rural. Ese día se encontraron los alcaldes de la provincia del Choapa, concejales, consejeros regionales, dirigentes de juntas de vecinos, comités de agua potable rural, campesinos sin tierra, apicultores, quienes compartieron un diagnóstico común: El campo no resiste otro año más de sequía.

Frente a esta dramática situación surgió un documento con las conclusiones del debate que recoge 24 propuestas que abarcan variadas temáticas y que van desde las medidas concretas, como profundizar pozos, infiltrar artificialmente napas subterráneas, hasta medidas que apuntan a una mayor descentralización, como la creación de una nueva región para las provincias de Petorca y Choapa, y que el agua vuelva a las manos de Estado.

La nacionalización del agua es una demanda sentida que surge desde la voz de los propios dirigentes de base. Ellos tienen plena conciencia que el futuro de la zona depende del recurso hídrico y que mientras se le trate como un bien de mercado continuará lejos de sus manos y tierras.

La nacionalización del agua implica que el Estado declare el carácter precario de los permisos de aprovechamiento de aguas, estableciendo la noción de reasignación de derechos según criterios sociales y necesidades públicas.

En muchos de los afectados por la sequía cunde la desesperanza, pues perciben día a día la indolencia del gobierno. Algunos, incluso, ante el riesgo de una pérdida total, analizan la posibilidad de emigrar junto a sus familias a La Serena o Santiago.

La mezcla explosiva entre sequía, privatización y robo del agua por parte de grandes propietarios y mineras transnacionales, está generando una situación volátil que puede estallar en cualquier momento. El detalle es que la protesta social que se incuba no se producirá a cientos de kilómetros de Santiago, como ocurrió con las manifestaciones por el gas en Punta Arenas, las demandas regionales en Aysén o las medioambientales en Freirina. El estallido se producirá mucho más cerca del poder central, el grito de Guangualí estremecerá a Palacio.

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