De ideas y realidades: A propósito de la discusión sobre una Asamblea Constituyente

Publicado en Jun 13, 2013 - 1:54pm [2.021 lecturas] .

Por Mauricio Muñoz

Sociólogo. Investigador Área Laboral Ical.

@Mauricio_emf

 La derecha y los grandes empresarios, a través de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), frente a la discusión en torno a la Asamblea Constituyente (AC) tan en boga en Chile, han mostrado gran preocupación y rechazo.

Andrés Santa Cruz, timonel de la CPC, respaldando la tesis del ministro de Hacienda Felipe Larraín, se pregunta a través de los medios, si la idea de la AC para cambiar la Constitución Política es o no un “salto al vacío” porque, según asegura, “significa partir de cero” y “sin ninguna duda que propuestas que ponen en juicio la institucionalidad, sumadas a lo que ocurre en el exterior, provocan incertidumbre, y eso tiene efectos en la inversión…”[1].

Asimismo, los pre-candidatos a la presidencia de la derecha, han dicho que la propuesta de realizar una AC es política y jurídicamente “prepotente”, generaría una seria “inestabilidad” al país[2] y un “fraude constitucional” puesto que “la Constitución [“de 1980, plena Dictadura Militar”, se olvidó decir el candidato] no establece la asamblea constituyente, sino que un mecanismo de modificación de la Constitución a través de la participación de la Cámara de Diputados y el Senado”[3].

¿Por qué los empresarios y la derecha chilena no toleran ideas como estas? ¿Por qué no soportan y rechazan propuestas como las de AC, cambio al sistema binominal o la idea de un nuevo Código del trabajo? ¿Por qué no se abren si quiera a discutir las ideas que no son sus ideas?

Por un lado es porque esto -la sola propuesta- efectivamente hace tambalear la institucionalidad del modelo, básicamente porque comienza a socavar, desde los intersticios de la estructura, los sentidos sobre los cuales se levanta y se asienta el poder. Pero también porque la clase dominante del país conoce los alcances que puede llegar a tener una idea.

El neoliberalismo, por ejemplo, antes de implementarse, instalarse, consolidarse y transformarse en lo que es hoy, fue una idea. Mala, pero idea al fin y al cabo.

Aunque Chile es el primer país del mundo donde se instaló el modelo, no fue a ningún compatriota a quién se le ocurrió. El neoliberalismo surgió, como idea, en Europa. Los alemanes, entre 1945-1948, posterior a la caída del nazismo en la II Guerra Mundial,  necesitaban pensar cómo re-crear al Estado, cómo volver a armarlo. Así, un grupo de intelectuales pertenecientes a la Escuela de Friburgo (también llamados “Ordoliberales”) buscó definir una “nueva” racionalidad económica que permitiera anular la “irracionalidad” del antiguo capitalismo, aquel de políticas keynesianas cuyos mecanismos de intervención económica entrañaban, según ellos, “menor” libertad y contenían el germen de regímenes como el Nazi.

Uno de estos intelectuales, que se dio a la tarea de idear esta nueva formación socioeconómica, fue el austriaco Friedrich A. Von Hayek quien, gracias a la influencia en sus posteriores cátedras realizadas en la Escuela de Chicago (1952), tuvo una especial ascendencia en los “chicago boys” chilenos, posterior tecnocracia civil de la Dictadura Militar de Pinochet.

Esta idea, que pone la libertad de mercado como esencial para desarrollar todas las otras libertades humanas; que tiene como modus operandis explotar de manera irracional los recursos naturales; controlar y someter a los trabajadores para optimizar el uso de su fuerza de trabajo y obtener así mayores tasas de plusvalía; privatizar y hacer negocios con las necesidades fundamentales de los seres humanos (alimentación, salud, agua, educación, etc.); que, en definitiva, hace regir  la existencia humana bajo el patrón de la única ley que conoce: la del mercado. Esta idea, esta pésima idea, tuvo la capacidad de instalarse –en el caso de Chile a sangre y fuego, sin importar un ápice la “institucionalidad” que hoy en día obsesiona a la clase dominante- y consolidarse hasta llegar a ser una realidad. Nuestra actual realidad.

Esa realidad es la que la sociedad civil mediante ideas como la AC, frente a la cual los grandes empresarios y los políticos de derecha tiemblan, quiere subvertir.


[1] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2013/06/12/empresarios-no-sabemos-si-una-asamblea-constituyente-es-un-salto-al-vacio-o-no/.

[2] http://www.lanacion.cl/longueira-asamblea-constituyente-atenta-contra-el-ahorro-del-pais/noticias/2013-05-31/195202.html

[3] http://www.df.cl/allamand-propuesta-de-asamblea-constituyente-del-equipo-de-bachelet-es-fraude-constitucional/prontus_df/2013-05-31/134947.html

Leave A Response