La izquierda en el municipio: Y después de las elecciones municipales qué.

Publicado en May 9, 2013 - 1:52pm [1.477 lecturas] .

Por Marco Barraza. Director Ejecutivo, ICAL

Las pasadas elecciones municipales marcaron un importante hito en el proceso de construir una nueva mayoría social y política, en la medida que posibilitaron una importante derrota a la derecha y en el caso de la izquierda comunista significó ampliar de forma significativa la representación en concejales, todo de la mano de una movilización social que más allá de los ciclos de masividad y consecutiva diminución de expresión callejera, reflejan una insatisfacción estructural frente a las respuestas que el sistema neoliberal proporciona a las demandas sociales de más inclusión social, más participación y democracia efectiva y de reformas sociales reales.

El escenario post elecciones municipales 2012

Sin embargo, dicho crecimiento de la demanda social y que muestra capacidades crecientes de incidencia en el discurso público, se da de forma contradictoria con una creciente distancia respecto de las instituciones políticas para el gobierno del país, lo que incorpora un factor de incertidumbre a las posibilidades del movimiento social y político en cuanto a los ejes de reforma y al sustento de masas que lo viabilicen.

En este marco, los resultados de las últimas elecciones municipales requieren ser analizados debida y pormenorizadamente, a la vez de desagregados para indagar sobre intencionalidades disímiles y diversas para la omisión electoral de la mayor parte de la población (cercana al 60%). Todo ello, en el contexto de la elección más politizada de muchos años, presumiblemente sólo superada por la próxima elección presidencial,

Así, las últimas elecciones municipales si bien representaron un avance para las fuerzas de oposición, en particular para la izquierda, y un consecuente retroceso para la derecha; dicho avance se presume se da en el contexto de una falta de responsabilización ciudadana, cuya respuesta más razonable es pensar que el desinterés mayoritario para votar -en consecuencia por los asuntos de la vida política y pública-, expresa el devenir cultural de una sociedad donde la convivencia se da aún con los patrones individualistas del neoliberalismo, a pesar de la irrupción de una exigencia de cambio social sustantivo.

Es decir, existiendo rechazo por el tipo de sociedad y ordenamiento que prevalece, la acción individual de una sociedad fragmentada se deja sentir dramáticamente en la condición social del ciudadano votante.

De esta manera, la ausencia mayoritaria en las urnas, no constituyendo aún una tendencia que se pueda afirmar perdure en el tiempo, si expresaría en lo más inmediato -a modo de señal cuantificable y cualitativa- una crisis de representatividad y legitimidad que se origina en la restrictiva noción de democracia existente. Democracia que se aprecia altamente institucionalizada, des-colectivizada y despersonalizada; en los hechos solo favoreciendo mecanismos formales de vinculación ciudadano-sistema político que limitan y restringen o en su defecto inhiben la participación.

Lo anterior, para efectos de la reflexión de la práctica política en el espacio municipal supone tener presente que la distancia hacia las instituciones políticas -diagnóstico hoy ampliamente compartido en la conversación pública- no sólo refleja desafección por instituciones como el parlamento o la justicia, también dicha distancia se sitúa en la percepción existente sobre las entidades municipales y las autoridades, alcaldes y concejales, de dicha representación del Estado.

Hacia la construcción de un proyecto transformador

En este sentido, la política de los últimos 23 años en el plano municipal en lo general se ha sustentado en la progresiva institucionalización del vínculo ciudadano, de la mano de una creciente clientelización de los sujetos y las comunidades, que tornan dóciles las voluntades e instrumentalizan el modo en que las personas y las organizaciones se relacionan con las instancias municipales. En buenas cuentas, el municipio al servicio de personas y grupos de interés corporativos, pero carente de un genuino proyecto para la construcción de un proyecto de desarrollo local.

Conviene preguntarse entonces: En el espacio municipal ¿a qué está convocada una fuerza crítica y transformadora con potencial de crecimiento y desarrollo con los comunistas siendo parte activa de ella?; y acaso, ¿es pertinente prolongar una estrategia centrada exclusivamente en la apuesta por la obtención y conducción de las alcaldías, pero desvinculado de la práctica y quehacer de las comunidades?

En nuestra opinión dicha fuerza está convocada a la construcción de un vitalizado proyecto transformador en las localidades, comunas y regiones; que cuestione el sentido desigual de la convivencia en las comunas y entre las comunas, dotándose de una fuerza con perspectiva local para la transformación nacional, centrando la práctica social y el discurso en que el interés nacional es equivalente al interés ciudadano-local.

Y es que los conflictos en el ámbito local -a nuestro entender- son más corrosivos de la lógica neoliberal que todavía prevalece en la sociedad. Por ello, pensar en un método adecuado y particular que no sea réplica de otra experiencia de conflicto social, sino más bien expresión de un debate y práctica social propia y particular, es decisivo en cada localidad. Para construir un proyecto que requiere de mayor adhesión ciudadana y de un tejido social en el que se sostenga para visualizar un nuevo énfasis para la articulación y transformación social.

El fortalecimiento de la política local es prerrequisito para cualquier proyecto de vocación para la transformación nacional cuyo propósito sea la igualdad e inclusión social, por ello es preciso pensar, promover y desarrollar una acción colectiva en las comunas orientada a la Refundación del Municipio, siendo indispensable abordar la política en el ámbito local-comuna no sólo en base a una intencionalidad que se orienta a la disputa y posterior conducción del municipio. Dicha perspectiva ha demostrado ser insuficiente y en los hechos replicadora de los vicios del municipio/cliente. De forma alternativa y desde un enfoque menos institucionalizado, promover el desarrollo y la transformación territorial, esto es, provocando y estimulando comunidades con capacidad de acción y deliberación, transitando desde los asuntos públicos más triviales a aquellos más trascendentes.

Desde este enfoque, los concejales son actores fundamentales para articular un desarrollo territorial y comunitario que dispute y le otorgue un nuevo sentido a la constreñida práctica municipal, siendo lo fundamental levantar estrategias locales para el desarrollo territorial.

En tal sentido, el municipio desde la izquierda debe necesariamente, y más aún cuando es conducida por esta, tener como propósito producir cambios sustantivos en base a la acción de las comunidades y ciudadanos, disputando en base a una renovada práctica social la noción de sociedad civil que ya se visualiza en redefinición.

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