¿Es Chile un país clase-mediero?

Publicado en Ene 21, 2013 - 9:09am [1.733 lecturas] .

Por Mauricio Muñoz. Sociólogo. Investigador Área Laboral Ical.

Quienes ostentan el poder político y económico en sus discursos han intentado hacer de Chile un país clase-mediero: Todos aquellos que no son dueños de los medios de producción y tienen que vender su fuerza de trabajo para vivir, ahora, son clase media. Ya no existe una distinción entre aquella clase media vinculada principalmente a la burocracia, estatal o empresarial (“cuellos blancos”), la clase obrera o proletaria y los burgueses dueños de los medios de producción (¿lenguaje trasnochado?). En Chile existe la clase alta y la clase media, de los proletarios nadie se acuerda ¿Es que los obreros desaparecieron?

A partir del 1973 el modelo de desarrollo del país cambió. Pasó de ser un modelo basado en la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) a uno de transnacionalización de los mercados internos (TMI). El primero (ISI) tenía como política principal promover el crecimiento del país a través del impulso de la industria nacional -por lo tanto allí sí existían los obreros, básicamente porque había industrias-. En el segundo (TMI) la idea es desincentivar la industria nacional y generar las condiciones para que las empresas multinacionales se instalen en el país (Decreto Ley 600 del año 1974) y exploten sus recursos naturales y humanos. Las ganancias de estas empresas coincidirán con el “desarrollo” de Chile. Ya no hay obreros -porque no hay industria-, aparecen los empleados o colaboradores y los subempleados, de la mano del crecimiento del sector productivo de “servicios” y en el marco de un mercado del trabajo caracterizado por la flexibilidad, subcontratación y precariedad laboral.

Las condiciones laborales de estos “nuevos explotados” no han mejorado sustancialmente y con su salario, aunque nominalmente pueda ser mayor al de los obreros de antaño, no les alcanza para vivir y, en general, lo complementan a través del acceso al crédito. Entonces, ¿por qué el poder insiste en nominarlos como “clase media”?, ¿por qué no llamarlos “clase trabajadora”?

Llamar las cosas por su nombre le resulta peligroso al poder. Le es difícil hablar de la “clase trabajadora” cuando se refiere a aquellos que venden su fuerza de trabajo para vivir. Es mejor impostarla y llamarle “clase media”. Para dominar lo real, además de haber aplicado todo el rigor de la fuerza hace ya casi 40 años, hoy, quienes monopolizan el poder político y económico en el país, sus ideólogos y publicistas, realizan un trabajo permanente, extirpando a la “clase trabajadora” del lenguaje para expulsarla así del imaginario social. Tienen miedo a nombrarla, les aterra y, por eso, apagan las palabras que la hacen presente.

Temen, porque reconocer su existencia es reconocer su importancia y recordar que en el Capitalismo hay explotadores y explotados. Es admitir el rol fundamental que tienen los trabajadores en la producción de la riqueza y en el desarrollo del país. Es aceptar que la potencia transformadora que ostentan los trabajadores puede ir más allá de la fábrica o empresa, desbordar la producción, coordinarse, movilizarse y generar un ideario simbólico alternativo, distinto al que el poder busca  instalar y reproducir.

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