Metro… La empresa de clase mundial en máxima tensión

Publicado en jun 15, 2012 - 3:12pm [1.661 lecturas] .

Por Marcos Barraza Gómez. Psicólogo. Director ICAL

Metro como ninguna otra empresa del Estado ha sido una entidad expuesta a un crecimiento sostenido y expansión de su operación en base a una positiva percepción de los usuarios en materia de calidad del servicio, percepción fundada esencialmente en la seguridad y dignidad con que los usuarios se transportaban por el gran Santiago. Dicha evaluación positiva se puede afirmar con propiedad que tiende a extinguirse.

La aplicación del Trasantiago representó para esta empresa un antes y después en su operación, no estando preparada para un incremento de1.2 a2.5 millones de usuarios por día. Frente al déficit en el transporte de superficie la infraestructura con la que contabala Empresa Metroera insuficiente para la abrupta y abultada demanda de usuarios, y a su vez, la dotación de trabajadores junto con no dar abasto para la creciente demanda comenzó a evidenciar de forma paulatina grados acumulativos de agobio y fatiga laboral, un desgaste de recursos personales evidente para los trabajadores y sus organizaciones sindicales, pero negado y rechazado por las Administraciones de turno.

Desde la crisis desatada en el años 2007 con la puesta en marcha del Transantiago, responder a la crecientes exigencias de trabajo y productividad en rigor fue posible no sólo por una gestión en trasporte público eficiente y adecuada por parte de los técnicos dela Administraciónde Metro de los gobiernos dela Concertación, sino que en lo fundamental por una cultura laboral de Empresa Estatal en donde los trabajadores se sentían orgullosos y responsables de la función pública de trasportar a millones de personas y por ello estaban dispuestos a soportar el incremento indebido de su carga laboral. Sus altos estándares de servicio drásticamente se vieron interrumpidos y progresivamente siguen disminuyendo.

Conviene tener presente respecto de Metro que los gobiernos dela Concertaciónen lo esencial sentaron las bases de la gestión neoliberal en materia de regímenes de contratación y relaciones laborales, propendiendo a la externalización de funciones, existiendo hoy una planta de 3.500 trabajadores y 7.000 trabajadores en condición de subcontrato. Sin embargo, dichos gobiernos fueron asertivos en reubicar nuevamente a los trabajadores de funciones sensibles como mantenimiento-mecánico de coches en la condición de planta cuando se constató el riesgo que ello conllevaba en la operación. De igual forma, las Administraciones de la era Concertación reconocían en las organizaciones sindicales un interlocutor y contraparte válida cuyo dialogo era complementario en el proyecto de expansión de la empresa.

Por el contrario, a actual Administración del gobierno de derecha lejos de ser sensible y receptiva a las evidencias de deterioro en la operación, expresadas en: problemas de seguridad en los usuarios junto a excesivas aglomeraciones, necesidad de revisar protocolos de riesgo y seguridad en la operación, incremento de la accidentabilidad, necesidad incumplidas de capacitación en competencias laborales excesivamente dinámicas, ausencia de sensibilidad métrica en los instrumentos de medición de evaluación de desempeño, sobre carga laboral y fatiga de trabajadores, las niega no sólo a la opinión pública, sino que las desestima frente a los trabajadores, desplegando un estilo de gestión que no visualiza a los trabajadores como sus principales aliados, sino que como un estamento accesorio y prescindible, representado en la figura de “colaboradores”.

En la misma dirección, es improcedente como lo ha señalado la actual Administración, es decir, sin evidencia o datos en que sostenerse, afirmar que los trabajadores de Metro presentan una brecha de productividad de 25 % por debajo de lo esperado y que a la vez no se reconozca o al menos se allanen a abordar la creciente intensidad en la ejecución del trabajo a las que se ve expuesto cada trabajador.

El recetario de la actual administración es ofensivamente neoliberal en su noción de gestión empresarial, desplegando criterios y pautas de administración que no discriminan lógicas diferenciadas entre el significado y la función de las diferentes Empresas del Estado, ni entre las Empresas privadas sólo orientadas al lucro y las empresas Estales con un papel decisivo para el desarrollo del país.

La actual administración visualiza la relación con los trabajadores como una más de tantas externalidades negativas, pero no como un eje sustantivo que debe ser abordado con la importancia de quien le otorga a la seguridad y satisfacción laboral un valor fundamental cuando se trabaja en un sector donde la racionalización de los recursos es decisiva para el cumplimiento de las metas, y bajo condiciones de alto estrés laboral, siendo indispensable en ello el compromiso laboral y la identificación del sujeto trabajador con el cometido de la empresa. Así, lo central de esta gestión es que se extrema una orientación hacia los resultados en menoscabo de los procesos y de las personas que los sostienen, observándose situaciones como en mantenimiento-mecánico donde se incrementan las horas extras o tipos de jornada laboral que deterioran la calidad de vida los trabajadores, lo que a al postre repercute en estrés laboral e incremento de riesgo en la operación.

La Empresa Metrode forma acumulativa presenta dificultades que podrían llegar a constituir una crisis en su funcionamiento y operación, lo que en el contexto de un cuadro de demandas sociales de mayor exigencia de cobertura, calidad y ante todo dignidad en el uso de los servicios públicos, acentuado en el caso del trasporte público por tarifas cada vez más privativas de los usuarios, sitúa a la empresa en un Precario Equilibrio Social, que tiende a ser desbordado. Al respecto, las protestas amenazan con hacerse extensivas a las líneas con el riesgo para los usuarios y para los trabajadores, pero también no es improbable, como ya se ha visto en otros servicios públicos, que los usuarios ante la frustración que provocan servicios deficientes e ineficientes puedan descargar su ira sobre los trabajadores y no sobre las instituciones.

Lo anterior, pone en tensión el devenir de esta Empresa Estatal, toda vez que lo que estaría en cuestión no es sólo el restablecimiento y mejoramiento de los estándares de calidad en el transporte de pasajeros y de forma vinculante y condicionada el grado de satisfacción con el que se ejecutaba el trabajo durante el pasado, sino que en una mirada de contexto y bajo los parámetros de esta crisis la pregunta central sería hacia donde avanzala Empresa EstatalMetro.

Al respecto, la última encuesta de Imaginacción y Radio Cooperativa es reveladora sobre las expectativas ciudadanas para el mejoramiento del transporte público, dando cuenta que un 77% del universo de encuestados señala que el trasporte público debe estar en manos del Estado.

Por lo mismo, ya no es posible profundizar una gestión de línea eficiente y responsable en el plano social para el trasporte de pasajeros bajo parámetros de externalización de empleo y sobre carga laboral; en la misma dirección, el sólo hecho de pensar en líneas concesionadas para el futuro, como lo ha dejado entrever fuentes ligadas al ministerio de transportes, constituye un despropósito y una severa amenaza para la calidad de vida de los usuarios.

Metro siendo una empresa dinámica y en constante crecimiento y actualización  requiere de procesos en constante revisión y bajo lógicas particulares y propias de Empresa Estatal que cumple una función pública no traspasable al sector privado. Su rol y experiencia, especialmente la de los trabajadores, bajo la noción de lo público en gestión de trasporte de pasajeros es determinante para adecuar, ajustar y mejorar bajo las actuales circunstancias un servicio que tanto malestar genera en la población.

En síntesis, otro autogol de los representantes de la nueva forma de gobernar.

 

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