Una Reforma Tributaria poco ambiciosa.

Publicado en May 2, 2012 - 10:10am [1.707 lecturas] .

Carlos Arrué. Encargado Programa Legislativo de ICAL

La Reforma Tributaria propuesta por el Ejecutivo e impulsada por la Alianza intenta abordar una demanda social sentida por los chilenos y manifestada durante todo el año pasado y lo corrido de este: financiar una educación gratuita, pública y de calidad.

Cuando el movimiento estudiantil planteó en 2011 la necesidad de financiar la reforma educacional, se tildó la aspiración de forma grosera por parte del Gobierno. El Ministro Hinzpeter, argumentó que los estudiantes debían preocuparse de la educación y no de otros temas. De esta forma, era vedado para el movimiento hablar de política, y así se intentó avasallar el tema de la desigualdad que el sistema impositivo promueve y la falta de recursos que provee al Fisco la explotación de los recursos naturales en beneficio a las grandes transnacionales.

No obstante lo anterior, la discusión del Presupuesto puso en jaque un tema macroeconómico fundamental: ¿Cómo financiar los planes de educación? Se intentó hacerlo mediante una glosa en el Tesoro Nacional que fue rechazado. lo cual finalmente obligó al Gobierno a comprometer una iniciativa legal que implicara asegurar la provisión de recursos a educación. Ahí la boca del pez Bulnes y de otros ministros peces también murieron, al igual que Hinzpeter, cuando el ex ministro de Educación dijo que lo que pasara después de estos cuatro años era problema de otro.

Así las cosas, la Reforma Tributaria se impuso, pese a la oposición del Gobierno y de la derecha, y finalmente tenían razón los estudiantes: los cambios en educación requerían de una Reforma Tributaria. Es decir, la Reforma Tributaria supone una Reforma Educacional. Sin embargo, hay dos alcances necesarios.

El primero dice relación con lo siguiente: La Reforma Educacional que promueve e inspira la Reforma Tributaria propuesta por el Gobierno no es educación gratuita y de calidad, de carácter público. Este tema será un eje fundamental en los próximos meses. La pregunta dejó de ser ¿de donde sacamos los recursos? Y ahora es ¿Qué queremos financiar con la Reforma Tributaria? Lo que el Gobierno pretende financiar no es lo que el movimiento estudiantil y la ciudadanía ha demandado. No obstante constituir un paso importante, el llamado, empero, tiene que ser que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Lo segundo dice relación con la Reforma misma. En tal sentido, y prosiguiendo con el empleo de dichos populares, que no pasen gato por liebre. Este gobierno, conocido por su uso de la letra chica, puede promover una Reforma que por muy insuficiente que sea, termina obteniendo recursos en una proporción mayor de quienes menos tienen. Dicho de otro modo, no es lo mismo afectar en 5% a un presupuesto familiar promedio de 5 millones de pesos al mes, que uno de 500 mil pesos. En este sentido, hay que estar muy atento al debate y contrastar siempre el anuncio con la letra de la ley propuesta.

Realmente no era de esperar que este Gobierno hiciera una Reforma Tributaria que apuntara a la recuperación de recursos naturales, que disminuyera la desigualdad y colocara el acento en aumentar el gasto social sustentado en el crecimiento de la economía. No obstante no deja de ser cierto que fue la Concertación la que mercantilizó todo el sistema educacional y que durante 20 años sus cambios tributarios -en ningún caso reforma-, beneficiaron en su totalidad a la inversión transnacional y la desigualdad.

El gobierno y la derecha intentan asumir un liderazgo en el tema de educación y la política fiscal que la Concertación por cierto, no puede exhibir y lo hacen desde el Estado, a través del Gobierno y sus parlamentarios. Esta postura política puede contribuir a reposicionar electoralmente al Gobierno y mejorar su deteriorada imagen y , sin duda, un inédito precedente para un gobierno de derecha. Es cierto que la Reforma peca de poca ambición, que se puede más, que no beneficia a la mayoría, que sólo es un ajuste y no resuelve los grandes problemas. Sin embargo, si no damos cuenta, estamos ante un hecho inédito en la historia política del país y la derecha, que incluso cerró filas hasta de sus sectores más conservadores, anunciado además como fondos para la educación, se corre el riesgo de hacer una lectura política incompleta que en el mediano plazo puede contribuir a reelegirse un nuevo gobierno de la Alianza.

Esta Reforma Tributaria debe ser el inicio de un debate y no el final. Así, resulta necesario incorporar a esta discusión una garantía explicita que asegura que las platas frescas no sean destinadas al lucro sino a fortalecer la educación pública. Es igualmente necesario mantener el impuesto a los combustibles y sugerir un sistema que sancione a las bencineras que sólo responde a las subidas de precios y no a las bajas. Igualmente significativo es aumentar el gasto social mediante la incorporación de ingresos provenientes de una actividad minera sustentable y favorable para el país. Esos recursos podrían destinarse a íntegramente a Salud bajo una noción de Chile como potencia médica. Así también sería relevante una Reforma Tributaria que disminuyera de aquí a diez años la brecha de desigualdad en 0,01 del Indice Gini por año.

En definitiva, por poca ambiciosa que sea, esta Reforma fue idea del movimiento social y con esa autoría en mente, dicho movimiento tiene toda la autoridad para ser garante de que el debate parlamentario responda a sus demandas y evitar que la Reforma sea para financiar el lucro. En este sentido, ¿qué tipo de educación financiará esta Reforma tributaria? Asimismo, esta Reforma, o reformita si se quiere, es superior a cualquiera propuesta por la Concertación y constituye un paso político inédito por parte de la derecha. Hay que saber hacer la distinción de ser crítica con ella sin que con ello se termine siendo complaciente con 20 años de inmovilismo tributario que profundizó la desigualdad y acrecentó la perdida de soberanía.

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