Libertad sindical y los Convenios 87 y 98 de la OIT.

Publicado en Abr 4, 2012 - 7:43pm [9.556 lecturas] .

Katia Molina Ponce, Socióloga, Encargada Area Laboral

La Organización Internacional del Trabajo OIT hizo público el informe  de la Comisión de expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones 2012.   Según las  observaciones preliminares contenidas en el documento,  las cuatro categorías  de principios y derechos fundamentales en el trabajo son: la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva; la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio; la abolición efectiva del trabajo infantil; y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación.  (OIT, 2012)

Estas categorías señalan donde  deben centrar los esfuerzos  los Estados a nivel mundial para mejorar las condiciones de los trabajadores en sus respectivos países. Para Chile, hay recomendaciones medulares relacionadas con el Convenio 87 que se refiere a la libertad sindical y protección del derecho de sindicación y el Convenio 98 referido a derecho de sindicación y negociación colectiva.

Debemos señalar que la libertad sindical se inscribe dentro de los derechos humanos fundamentales de segunda generación, y que el Estado chileno, en virtud de la ratificación del Convenio 87 ante la OIT debe crear las condiciones para que éste se implemente de la mejor forma en el país.  La implementación efectiva de este Convenio es una deuda de la democracia con los trabajadores chilenos que hay que visibilizar.

Pero, el entramado jurídico elaborado en la dictadura, expresado en el Código del Trabajo no ha sufrido alteraciones en lo referido a los derechos colectivos de los trabajadores, de ahí la importancia de los  énfasis señalados por la OIT  que evidencian la normativa como un dispositivo de dominación que mantiene al sindicalismo enjaulado, en mecanismos que sólo sirven a los capitales.

Dentro de las observaciones se señala, por ejemplo: que “los  reemplazos de trabajadores en huelga se encuentran por regla general prohibida”; que lo referido a “que la huelga debe ser acordada por la mayoría absoluta de los trabajadores de la empresa” no debería cursar; que “los trabajadores agrícolas deben tener derecho a huelga”, entre otras. Cada una de estas indicaciones señala una modificación al articulado del Código del Trabajo vigente.

Sabemos que la huelga en Chile no juega su rol histórico. No es una herramienta al servicio de los trabajadores, pues su implementación se hace casi imposible. Es un derecho débil y legalmente desprotegido. La posibilidad de reemplazar a los trabajadores en huelga es lo que hace ineficaz el instrumento, además expone a los dirigentes y trabajadores al despido tras su participación en ella.

Según datos de la Dirección del Trabajo en 1991 se realizaron 219 huelgas, donde participaron 45.910 trabajadores. En la década del noventa existe un descenso paulatino hasta llegar al  2001  donde se efectuaron 86 huelgas  con 11.591 involucrados. Sólo aumentar a partir del 2006, llegando en 2010 a 174 con 31.799  participantes. En dos décadas la participación de trabajadores en huelgas es baja.

En relación a la negociación colectiva podemos afirmar que es un instrumento estéril para los trabajadores, porque sólo se puede negociar en condiciones de poder. Según datos de la Dirección del Trabajo, las negociaciones colectivas se  comportan del siguiente modo: en 1993  negocian 255.226 trabajadores; en 2007 negocian 232.667 trabajadores y en 2009 logran negociar 227. 282 trabajadores (ENCLA, 2008).  Es decir, decrece paulatinamente el número de trabajadores/as que utiliza los instrumentos colectivos, lo que implica que en la inmensa mayoría de las empresas del país no negocian colectivamente, y de esta forma tampoco   tienen  derecho a huelga. La negociación colectiva está restringida al ámbito de la gran empresa y, según ENCLA 2008, la negociación se desarrolla sobre todo  en empresas que cuentan con sindicato. Cuando este no existe, los trabajadores a pesar que pueden utilizar los instrumentos colectivos no lo hacen.

Esto porque la negociación colectiva se supedita a la voluntad del empresario que  despide a trabajadores sindicalizados, construye listas negras, persigue  a los dirigentes, crea sindicatos pro-empresa, compra el fuero de los dirigentes sindicales,  le entrega los mismos beneficios a los sindicalizados que a los no sindicalizados y, principalmente, fija y mantiene los salarios de acuerdo a su modelo de acumulación pues la libertad del mercado le otorga variados procedimientos para actuar.

Entonces, desde la concepción neoliberal, un Estado que sólo protege la  libertad individual, no así los derechos colectivos, y  una normativa jurídica  débil, permiten que se acentúe el desequilibrio de la relación capital/ trabajo. Así, el capital no tiene restricción y los trabajadores no tienen derechos colectivos asegurados.

De este modo, exigir la libertad sindical está directamente relacionado con avanzar en más derechos para los trabajadores, y es indispensable para mejorar las condiciones de trabajo incidir en los salarios y crear una nueva sociedad.

 

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