La izquierda en la encrucijada municipal.

Publicado en Abr 25, 2012 - 12:48pm [2.287 lecturas] .

Por Marcos Barraza, Director de ICAL, y Claudio Rodríguez, Encargado Área Desarrollo Local de ICAL

La creciente conflictividad social expresada en diversas manifestaciones de amplia convocatoria ciudadana, tienen origen en una creciente insatisfacción enraizada en  postergaciones históricas, que se intensifican dada la percepción mayoritaria de la paradoja de un país que crece económicamente, pero que consolida la desigualdad.

Este malestar ciudadano da cuenta de la insuficiencia estructural del neoliberalismo dominante para resolver las expectativas crecientes de igualdad y justicia social, democracia y participación, y que se expresan en complejas dimensiones de la realidad nacional que deben ser abordadas de manera integral. Hoy, resolver las demandas de desarrollo local e igualdad en regiones apartadas como Aysén, Calama o Copiapó, supone un abordaje refundacional del cuerpo de normas y fundamentos regresivos en los que se ha sustentado la sociedad Chilena por cerca de 40 años.

Al respecto, el papel de la dictadura en el plano de las políticas públicas fue decisivo en la instalación de una forzosa y arbitraria división administrativa tanto regional como municipal que, junto con fragmentar identidades y dinámicas territoriales, media y amortigua la demanda ciudadana local, dificultando la accesibilidad al Estado central y a interlocutores con poder de decisión en lo local y regional. En lo municipal, el resultado ha sido un modelo de gestión política en el que se distorsiona el rol y la responsabilidad de la autoridad municipal y se desfigura la voluntad popular, promoviendo por la vía de los hechos una creciente distancia entre los intereses y las fórmulas de resolución de conflictos por parte de los representantes políticos y las crecientes expectativas de la ciudadanía.

El papel desplegado por los otrora gobiernos de la Concertación en su prolongado pacto de gobernabilidad con la derecha, combinó una política pública orientada a la profundización de la lógica neoliberal para la gobernabilidad local y una pasividad y falta de énfasis para la transformación de las instituciones. La atomización del tejido comunitario y el clientelismo con los dirigentes sociales se antepusieron a la satisfacción de demandas en el plano colectivo y con énfasis social. Ello ha sido caldo de cultivo para la “lavinización” de la política local, marcada y antecedida por años de asistencialismo y clientelismo municipal y que ha permeado la gestión de los distintos actores políticos a nivel municipal.

En la misma dirección, las dos reformas municipales impulsadas por estos gobiernos no abordaron los principales déficits de la institucionalidad municipal, no dando respuesta al problema de fondo, que no es otro que la ausencia de Gobiernos Locales con atribuciones, recursos y competencias para el impulso de un efectivo y equivalente desarrollo para todas las comunas del país.

El papel de la derecha en estos dos años de gobierno ha estado marcado por persistentes esfuerzos para reeditar el pacto de gobernabilidad política de la pasada transición que tantos réditos les proporcionó, pero con una impronta en la que se acentúa el sentido neoliberal de la institución municipal. En coherencia con dicha representación, la actual propuesta de reforma municipal ( ver mensaje presidencial 454-359 ) ingresada al parlamento por el ejecutivo, junto con dar continuidad a una ideologizada agenda para la “modernización de los municipios” -desde la perspectiva de limitar el crecimiento del Estado para el ejercicio del gobierno público-, enfatiza una creciente despolitización del rol y función de las autoridades locales y de forma contradictoria un incremento del componente tecnocrático de la gestión pública, cuyo propósito sería limitar la respuesta política frente a urgencias y necesidades sociales.

En estos 22 años de gobiernos post dictadura, hemos conocido el esfuerzo y la voluntad de algunos alcaldes y concejales de inspiración democrática para resistir los embates de esta degradación de la política. Sin embargo, su voluntad transformadora se ha visto obstaculizada con una arquitectura política pensada y diseñada para la exclusión, una extendida falta de voluntad política de quienes han ejercido la conducción del país, y la propia cooptación institucional de la que han sido parte tanto alcaldes como concejales.

Sin embargo, tenemos el convencimiento de asistir al final de una era política caracterizada por un proceso acumulativo en el que primó, no obstante resistencias legítimas y éticas de algunos sectores, una generalizada desafección política hacia la voluntad ciudadana, que obliga a revisar los fundamentos de la democracia. El abuso y la postergación por mucho tiempo fueron obviados e invisibilizados en función de una creciente cobertura de servicios públicos carentes de regulación y control social; dicha fórmula de gobernabilidad hoy es ampliamente rechazada.

Es bajo las condiciones antes descritas, es decir, de consolidación de un modelo residual en materia de participación e inclusión, pero a la vez de progresiva ruptura social con los significados que dicha institucionalidad conlleva, que emerge una nueva realidad nacional que exige una mirada actualizada y una nueva perspectiva que promueva y garantice más Estado pero, a la vez,  más participación vinculante.

Así, las próximas elecciones municipales representan como nunca antes un momento decisivo que en parte definirá, desde el plano institucional, la profundidad y velocidad del proceso democratizador que tensiona la convivencia en Chile. Este desafío político exige al conjunto de la oposición un programa de transformaciones sólido y ambicioso que en la modalidad de propuesta y/o demanda política aborde los principales focos de transformación y democratización en el espacio local. No se trata sólo de intervenir en la normativa municipal existente para generar más representación e incrementar la participación, sino que revisar con mirada crítica el sentido de los municipios en Chile, trazando un itinerario orientado a una profunda Reforma Refundacional que se contraponga a la restrictiva institucionalidad que hoy rige.

 

Superar la institucionalidad vigente y construir Gobiernos Locales.

Existe consenso que la institucionalidad democrática es cada vez más estrecha ante los embrionarios procesos de politización de nuestra sociedad, siendo la participación y el problema de la calidad de la democracia un componente central que atraviesa todas las demandas de la sociedad en conflicto.

Si bien no hay un debate zanjado o concluyente sobre lo que se entiende por democracia participativa, a la luz de las movilizaciones y demandas ciudadanas que emergen el año 2011 y, de las expectativas de transformación depositadas en ellas, la democracia es un concepto que en el plano político debe saber vincular igualdad y participación social.

En este contexto, el desafío país de los sectores democráticos es buscar formas y acciones para  superar la hoy deficiente representatividad y sus límites como forma de funcionamiento y legitimidad política, con miras a incrementar la justicia social y construir una sociedad inclusiva y participativa.

Ello interpela en el plano local a pensar esta disyuntiva, en tanto entendemos la comuna como un espacio donde se hace factible vincular la institucionalidad y la política pública con los problemas cotidianos de la gente. A su vez, se conforma como un espacio donde se puede apostar a la re-politización ciudadana y la conformación de sujetos sociales, críticos y transformadores del sistema.

Estimamos que el cuerpo de ideas propuesto por la oposición ampliada, en un futuro próximo y superando la gobernabilidad de derecha del país, debe orientarse a la generación de una Constituyente con las Organizaciones Locales y la Institucionalidad Municipal, destinada a la refundación del Municipio. Este espacio debiera problematizar el marco institucional vigente, dotarse de instrumentos para superarlo y modificarlo y, a su vez, proyectarlo como una instancia de largo plazo con miras la constitución de Gobiernos Locales, donde el Municipio sea efectivamente un espacio tanto para el desarrollo de las comunidades, como para el ejercicio de la política de sus habitantes; un espacio donde se genere el sujeto transformador y se exprese la voluntad y el poder local de la ciudadanía y los sectores populares.

Los rasgos centrales de la nueva institucionalidad, desde donde emerja y confluya esta Refundación debiesen ser al menos:

–          Promoción de la participación vinculante y deliberación democrática de la comunidad y actores sociales.

–          Que las organizaciones sociales adquieran un rol de Controlaría Social.

–          Rediseño y co-ejecución de políticos públicas entre el municipio y las organizaciones sociales.

–          Un municipio incidente en materias de desarrollo local.

Lo anterior, para nuestra alternativa, supone un doble desafío. Implica democratizar la gestión municipal (toma de decisiones en el municipio) y democratizar la comuna (articulación del tejido social).

Sin embargo, y pensando en la naturaleza proyectual de este desafío, es que necesitamos con creatividad aprovechar los márgenes legales de la LOCM, siendo osados en el aquí y el ahora en las propuestas, de forma que nuestro desafío es no sólo diferenciarnos de la derecha (como se propone desde la oposición ampliada) sino ir más allá con propuestas que entreguen poder a los actores locales y muestre un camino para los propios sectores de oposición”.

Leave A Response