Porque la guerra en Aysén.

Publicado en Mar 26, 2012 - 5:23pm [2.032 lecturas] .

Felipe Valenzuela. Sociólogo

Felipe Valenzuela S. Sociólogo del equipo laboral de ICAL.

Una buena oportunidad y en rigor un deber, para hablar de la guerra, lo constituye el período de tregua. Consideraré los anuncios televisivos de los acuerdos entre los dirigentes de Aysén y el gobierno como el momento para hablar de la guerra en Chile. Y si la expresión “guerra” parece exagerada, quiero recordar las imágenes de las Fuerzas Especiales con vestimenta similar a las tropas de invasión en países como Iraq, precisamente invadiendo los patios y disparando sus bombas por las ventanas de los dormitorios de los pobladores  aiseninos, presentadas por  la televisión y otros medios con más detalles.

Por qué hablar de guerra es la pregunta legítima de quien inicia esta lectura. Por lo tanto, considero necesario una breve explicación que tiene que ver con el éxito del modelo aplicado en nuestro país, que en sus principales derivadas se encuentra aquella que no permite a las personas pensar en la existencia de alternativas al mismo.

Una de estas características se refiere a los derechos. En este sentido, se instaló y se sigue desarrollando con fuerza la doctrina de la libertad y los derechos individuales, a la que por supuesto es muy difícil oponerse. Doctrina que en sus expresiones concretas exhibe la reforma procesal penal y la inminente reforma al derecho civil y la majadera insistencia desde el poder, en que los ciudadanos recurramos a la justicia frente a los abusos, etc. Cualquier situación que signifique la peligrosa aparición de otros derechos que se encuentran postergados, silenciados o considerados sin importancia, como el de asociación y libertad de expresión, hábilmente son desplazados por la retórica, respecto a cuestiones medioambientales o visiones universalistas de derechos humanos. Frente a este escenario árido y con aristas abstractas queda una salida más simple, que consiste en estar o no de acuerdo con la forma de acumulación inacabable de capital y que no considera las consecuencias sociales, ecológicas o políticas.

Por eso la guerra. Porque cuando los trabajadores, pobladores y comunidades, finalmente se dan cuenta y se cansan de ser saqueados, entonces se les declara la guerra, especialmente en regiones donde la formula de un crecimiento basado en la desposesión se ha practicado como política desde hace más de tres décadas. Se nos dice que la desigualdad en nuestro país corresponde a un problema estructural y que requiere de extensos períodos para ser modificado. Sin extenderme en este punto, sin embargo es necesario decir que en los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei  M. y Salvador Allende se observó un mantenimiento y una tendencia a mejorar la distribución del ingreso, manifestada en una razón de ingreso entre el quintil superior y el inferior levemente por encima de 15. Durante la dictadura se dispara a más de 22[1].

Lo que ocurrió es simplemente el restablecimiento del poder de una clase que veía cómo disminuía su tasa de ganancia y que impuso por la fuerza el proceso que revirtió esa situación. En esta oportunidad, acompañada de una cultura que ya no oculta la opulencia, de manera que cuando se generan condiciones  se traduce en situaciones como que “durante los últimos 20 años, la región de Aysén ha tenido un deterioro importante en la distribución de ingresos. En efecto, al computar el índice 10/10 que mide la diferencia entre los ingresos del 10% de los hogares más ricos (decil más rico) y el 10% de los hogares más pobres (decil más pobre), se constata que para 2009 fue de 65 veces. En 1990 era de 31,5 veces, es decir, la desigualdad en la distribución de ingresos – así medida – aumentó en un 106%” [2] .

 

Es necesario advertir que casos como éste se repiten en otras regiones de nuestro país. En el ámbito laboral en Aysén menos de cuarenta personas que trabajan lo hacen bajo la norma de empleo protegido. Es decir, los restantes sesenta no cuentan con contrato ni seguridad social, situándola en la penúltima región con este índice negativo, en que aparece la región de Antofagasta –en el primer lugar- con el privilegio de que algo más de sesenta y cinco asalariados de cada cien tienen trabajo protegido[3]

La conservación de un sistema basado en el saqueo de las clases asalariadas y que permite  que en las páginas de las cien personas más ricas del planeta sigan apareciendo tres o cuatro habitantes de nuestro país, exige la continuidad de una guerra que se ajusta a la categoría de “guerra de baja intensidad”, tal como se ha practicado en los últimos años. Hay que recordar lo dicho por el senador Víctor Pérez (UDI) al justificar a Hinztpeter: “En 9 oportunidades durante los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet se invocó la Ley de Seguridad del Estado, por lo tanto la críticas de los congresistas de la Concertación no tienen fundamento“. Efectivamente, tiene razón pero es necesario precisar que siempre esta aplicación ha sido en contra de sectores que intentan reclamar por más derechos y mejores condiciones en la distribución de la riqueza.

Por último, para aquellos que se congratulan de vivir en paz, cuando por la televisión se muestran las muertes de guerras lejanas, conviene no olvidar a Matías Catrileo y Jaime Mendoza Collio, asesinados durante la campaña de militarización  de la región de La Araucanía durante el gobierno de Bachelet  y al joven estudiante de 16 años Manuel Gutiérrez Reinoso asesinado en Macul el año pasado, bajo el gobierno de Sebastián Piñera.

 

 

 

[1] Posibilidades y Limitaciones de las Políticas Económicas Redistributivas: Perspectivas de Largo Plazo en <www.econ.uchile.cl>

2 cálculos Fundación SOL a partir del micro-dato de la encuesta CASEN

3 Fundación Sol, con micro-datos, nueva encuesta de empeo, INE

 



 

 

 

Leave A Response