Hacerse cargo de la crisis estructural y civilizatoria.

Publicado en Mar 11, 2012 - 12:38pm [2.380 lecturas] .

Pablo Chacón, Ingeniero Geomensor. Encargado Área Medioambiente

Por Pablo Chacón. Ingeniero Geomensor de Ical. El año 2009 en Santiago, el economista de CENDA, Manuel Riesco, en una reunión sobre cambio climático y movimientos sociales organizada por ICAL y CLACSO en la universidad ARCIS relató que el mundo de una manera brutal estaba migrando del campo a la ciudad. A razón de 60 millones de personas cada año, estos seres humanos engrosaban -y lo siguen haciendo- las filas de aquellos que buscaban el desarrollo, buscando empleos, cambiando miles de años de vida en el campo por servicios, infraestructura, carreteras, agua embotellada, cable de cobre para los tendidos eléctricos, cemento, etc.

El año 2008 se había quebrado el punto de inflexión; la mitad más uno estaba en las ciudades. Y China ha jugado en todo este proceso un papel preponderante. De la cifra anterior son 18 millones de chinos por lo menos, quienes migran todos los años hacia las urbes. Es el llamado motor de la economía hoy, en momentos en que el sistema financiero tambalea con la crisis de la deuda en Europa.

La demanda por recursos naturales, para concretar materialmente esta explosión de desarrollo urbano, configura la prueba de lo cancerígeno del modo de producción, del modo de consumo y del modo civilizatorio que hemos urdido, (al modo de ver de Wallerstein) de lo que se conoce conceptualmente como “sistema mundo capitalista”. En relación a esta demanda por materias primas para sostener toda esta vorágine y el consumo energético que puede posibilitarla en los términos hegemónicos y de dominación, esto se traduce, por ejemplo, en grandes cantidades de elementos básicos como el agua para los procesos de molienda de la minería del cobre, así como los materiales de desechos como el arsénico, el cromo y otros metales pesados, nocivos para el medio y los seres vivos. La podredumbre de estas “correas productivas” es evidente tanto en lo degradante en países como el nuestro donde se usa energía barata como contaminante (termoeléctricas), como en los países industrializados o desarrollados que desarrollan mecanismos de financiamiento de bonos de carbono en  el contexto de las políticas de mitigación del cambio climático de ONU.

Pero, la mayoría de los pueblos no han sido informados de estos inconvenientes de esta manera de desarrollarse, no han discutido del todo para saber si realmente ese es el tipo de mundo que quieren forjar. En paralelo, y ante cualquier modificación o rectificación que atente contra sus intereses, los grandes grupos económicos se blindan, como por ejemplo la asociación de generadoras termoeléctricas que han anunciado su negativa a los impuestos de contaminación por dióxido de carbono.

Hace unos días el ministro de minería de nuestro país anunciaba en Canadá una corrección del 34% del monto global de inversiones en el sector minero desde hoy hasta el año 2020, que se traduce en más de 90 mil millones de dólares en ese período. La voz de la política pública que predomina habla de las bondades de la inversión extranjera, de lo positivo para el desarrollo del país, de los beneficios para las regiones y su impacto en el empleo.

El contraste es Aysén, con su comunidad organizada que ha canalizado el descontento en relación al nulo valor que se le da al ciudadano en la elección del tipo de desarrollo que se quiere para ese territorio. “Aysén ruge” es el grito colectivo que surge, más allá de los innumerables y disímiles intereses de los diversos grupos que componen la comunidad aysenina como prueba de un despertar político ciudadano; a lo menos de carácter unitario.

Es archi-sabido que se da una relación directa entre conflictividad social y megaproyectos de inversión en el ámbito de la generación energética o de la extracción de recursos naturales, sobre todo en nuestro continente. Las comunidades no deciden sobre lo que pasa en su territorio, no son consultadas y el hastío es creciente. Es este tipo de democracia el que no da el ancho para resolver la manifestación del conflicto social. Y ese es uno de los puntos centrales del conflicto de Aysén. Es lo que las hegemonías dominantes en América Latina y particularmente en nuestro país temen que se cuestione; el tipo de democracia republicana representativa que no toma en cuenta las definiciones de los territorios sobre su propio destino. Eso es algo que en otros países de nuestro continente como Bolivia y Ecuador (por nombrar algunos), ha comenzado desde hace algunos años a ser modificado; popular y soberanamente.

Justamente en ese sentido la critica sobre el sistema binominal cobra nuevamente un carácter de urgencia ineludible.

Es por eso que se preparan tiempos donde se requerirá que la ciudadanía adquiera mayor conciencia todavía de la complejidad que significa convivir con un modo de desarrollo que mantiene un sistema sustentado en lo que no es, en lo político, social y económico.

Este año va a decantar en nuevas movilizaciones contra los proyectos que anteriormente hemos mencionado, pues este tipo de política pública o privada (como se quiera llamar), prosigue.

En materia de educación, el movimiento estudiantil probablemente retomará fuerzas para avanzar en las propuestas que quedaron truncas. Está el proyecto de Hidroaysén y vienen las elecciones municipales. Estos tiempos nos invitan a elaborar discusión y propuestas sobre desarrollos alternativos, es necesario cuestionar el modelo en todas las instancias, no por capricho ni por tozudez sino porque la crisis es compleja, estructural, civilizatoria y debemos hacernos cargo nosotros mismo de ella.

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  1. Ernestofaundez 11 Marzo, 2012 at 13:16 - Reply

    Muy buena columna querido Pablo, pero cómo la ciudadanía puede adquirir mayor conciencia si los medios de comunicación están dominados por los mismos mafiosos dueños de empresas que no desean que la sociedad sea consciente?? Un abrazo..

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