Las utilidades de la desigualdad.

Publicado en feb 27, 2012 - 9:27am [2.146 lecturas] .

Felipe Valenzuela. Sociólogo

Felipe Valenzuela

Sociólogo  Área Laboral de ICAL

Nos hemos enterado, como ya es costumbre en los primeros días del año, de las utilidades obtenidas por los bancos con sede en el país en el año que recién termina. Es así como la propia Superintendencia de  Bancos informa que dichas utilidades han logrado un incremento en el año 2011 respecto del 2010, del 3,77 %. Estas ganancias corresponden a  3.493 millones de dólares, que para una mejor comprensión son  equivalentes a unos ciento cuarenta y cinco mil millones de pesos mensuales.

La verdad es que estas monumentales cifras y sus permanentes crecimientos en nuestro país, no deberían sorprendernos y de hecho cada día son aceptadas por las personas como una cuestión propia del sistema en que vivimos, e incluso en algunos sectores representan motivo de orgullo, cuando se compara esta realidad con la situación que están viviendo los países europeos y el mismo Estados Unidos.

La falta de asombro, tendría  que ver con la percepción generalizada de que somos un país completamente distinto de aquel que existió hasta 1973, y eso es innegable, fundamentalmente se debe a que Chile se convirtió en el laboratorio del neoliberalismo mundial desde la década  del ochenta del siglo pasado a través del eficiente trabajo primero de los chicago-boys hasta el fin de la dictadura y luego en manos de la tecnocracia de los gobiernos de la concertación. Durante esos treinta años se han realizado todos los cambios estructurales que han permitido algo similar a un capitalismo neoliberal “perfecto” y admirado por los grandes capitalistas del planeta, por la virtud de que estos cambios representan la nula alternativa al orden neoliberal impuesto;  además de producir  tasas de ganancia extraordinarias en éste un mercado pequeño en comparación con otros de América Latina.

Creemos que las explicaciones para tan monumentales utilidades de la banca, en una apretada visión que podemos dar en estas líneas, obedecen por un lado a la profunda desigualdad de los ingresos de los chilenos y por otro a la esterilidad del Parlamento para un cambio en las reglas del juego que permitan  inclinar la balanza  hacia las personas con algo de desmedro del capital.

Lo primero tiene una directa relación con una sociedad en que los salarios durante décadas se han mantenido o han crecido muy poco en términos reales, al mismo tiempo en que los costos nuevos que hemos tenido que cubrir, aquellos que vivimos de un sueldo se han ampliado, teniendo que financiar la educación, la salud y otros servicios básicos que ahora en manos privadas no contemplan subsidios, situación que ha afectado especialmente al 76% de los chilenos que gana menos de $350 mil pesos mensuales (Encuesta Nacional de Empleo, Trabajo, Salud y Calidad de Vida, 2011). La condición de bajos ingresos ya tiene características estructurales y se ha materializado a lo largo de los últimos años, baste con mirar lo ocurrido con los ingresos de los trabajadores chilenos durante el gobierno del Sr. Lagos donde, las remuneraciones de los asalariados en Chile variaron respecto del PIB de la siguiente forma: 2003 (41,25%), 2004 (39,18%), 2005(37,50%) 2006(34,80).  Esta tendencia representaría la verdadera razón del endeudamiento de la mayoría de los chilenos, y no como nosotros mismos creemos cuando nos auto calificamos como muy consumistas. Asumiendo ésta como  la base del endeudamiento, avalado con las siguientes cifras: el endeudamiento de los hogares chilenos casi se duplicó en la última década, al pasar del 22,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el año 2000, a 39,1% en 2009, unos USD 62.500 millones, siendo los créditos de consumo los que más crecieron. (2010/05/10/deuda de chilenos. en www.biobiochile.cl).

En la noticia de estos días la misma Superintendencia informa que los créditos de consumo crecieron un 13,52 % en diciembre, respecto al mismo mes del año anterior, hasta los 11.487.586 millones de pesos (23.444 millones de dólares), lo que confirma la tendencia.

También  para endeudarse efectivamente existe una enorme y variada oferta de productos procedentes especialmente desde el extremo Oriente, instalada en los “mall” a los que Moulian los llamó “la catedral del consumo”. Nuestra suposición esta orientada a pensar más bien que, al mismo tiempo en que ya por décadas se enseña en la academia a nuestros jóvenes conceptos como competitividad, productividad, etc  y  que en la administración moderna ya no existen las bodegas finales, es decir no se produce para stock, sino que solo se hace sobre pedido. Sin embargo por otro lado desde que las cadenas de valoración fueron trasladadas hacia el Oriente, especialmente la manufactura, ellos producen incesantemente para asegurar costos unitarios bajos, y nuestros centros comerciales estarían transformados en lujosas bodegas de productos terminados, lo que explicaría el hecho de que tengamos probablemente los aranceles mas bajos del planeta (1,1% en promedio)

Por otro lado, la jaula de hierro que representa esta democracia enmarcada en la Constitución de 1980, no permite ninguna iniciativa de ley a los parlamentarios que tenga que ver con la aplicación de las políticas económicas que sustentan el modelo neoliberal. Dentro de esas medidas, se encuentran las más elementales para proteger a los ciudadanos respecto de la acción de la banca y las instituciones financieras, dejando la relación cliente de banco y banco en manos del mercado, cualquiera que sean las características del cliente, al alero de la repetida frase, “esos son asuntos entre privados”.

Recordemos que cuando recién llegado a la cartera de Hacienda el ministro Larraín comunicó el fin de los amarres por parte de la banca, refiriéndose a la obligación de los clientes que al solicitar un producto tienen que aceptar otro que el banco impone y que implica gastos adicionales, comisiones, etc. Esta medida anunciada por todos los medios fue corregida a los pocos días por el superintendente de bancos y quedó sin aplicar. No dudo de la intención del ministro, pero seguramente se estrelló contra la maraña legal que protege al capital en Chile, mientras el Parlamento observa cruzado de brazos.

Otro de los factores que protege las utilidades del capital, tiene que ver con la llamada Tasa Máxima Convencional, que no es otra cosa que el tope que encuadra dentro de la ley los intereses que puede cobrar el acreedor a los deudores, y que la puso de moda el ministro Longueira por considerar que era demasiado alta y que provocó airadas reacciones públicas entre otros, del presidente del directorio del Banco Chile. Finalmente, la tasa que era de un escandaloso 49,5 % anual  para obligaciones inferiores o iguales al equivalente de 200 unidades de fomento hasta el año pasado, ahora en medio de los incendios de bosques y sus repercusiones quedó fijada en un 52.14% (www.sbif.cl).

Como pueden ver, por un lado las desigualdades que obligan a grandes sectores a endeudarse para cubrir los costos de sus vidas y la falta de una democracia que permita la participación de los representantes del pueblo en la toma de decisiones que afectan la vida de los chilenos, tienen mucho que ver con las enormes utilidades que la banca exhibe orgullosa de cara al mundo.

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