¿Por qué fijar la mirada en el trabajo?

Publicado en Feb 27, 2012 - 8:44am [1.945 lecturas] .

foto-MAURICIO-MUÑOZPor Mauricio Muñoz. Sociólogo Área Laboral Ical

El trabajo, tal como lo indicó el viejo Marx, en su concepción más amplia y general, es inherente a cualquier tipo de sociedad, por lo tanto, le subyace a la existencia humana. Éste, en tanto producción, no es sólo fuente de riqueza sino que, y antes que todo, es creador de valores en general. La producción humana, antes de intercambiarse en un mercado y, por lo tanto, previo a devenir en mercancía y tener un valor de cambio, puede ser entendida como la creación de objetos que permiten satisfacer determinadas necesidades, es decir, el trabajo se nos muestra siempre, antes que todo, asociado a una utilidad y su valor es definido por su uso. Para Marx, el proceso de trabajo podía ser definido como:

“La actividad racional encaminada a la producción de valores de uso, la asimilación de las materias naturales al servicio de las necesidades humanas, la condición general del intercambio de materias entre la naturaleza y el hombre, la condición natural eterna de la vida humana, y por tanto, independiente de las formas y modalidades de esta vida y común a todas las formas sociales por igual” (2006: 137)

En la producción se ponen en relación las materias primas y la fuerza de trabajo, donde esta última produce o transforma, valiéndose de los medios de producción, es decir, la técnica y tecnología, o de su propia humanidad, a las primeras. De este proceso se deriva una determinada forma de consumo, puesto que toda producción implica el consumo o desgaste de las capacidades del individuo que produce, físicas y mentales, y de los medios de producción que emplea con tales objetivos. En definitiva, todo trabajo lleva consigo un consumo productivo. Por otro lado, existe un consumo otro, ya no de los productores sino que, ahora, de los consumidores, que es donde el producto alcanza su realización. Éste arriba a su forma completa cuando se consume, antes sólo es un objeto. Así, por ejemplo, un martillo comienza a ser una herramienta cuando se le utiliza para clavar o golpear; un billete alcanza la categoría de valor cuando con él podemos adquirir otros productos (“equivalente general” en Marx). Por lo tanto, a través del consumo es que se hace posible la generación de productores y consumidores (en este sentido, el Arte es un campo paradigmático). En definitiva, desde una perspectiva dialéctica, producción y consumo son dos momentos donde cada uno no se limita a ser el otro de manera inmediata sino que, realizándose, produce al otro. Aquí es la relación la que produce a los términos.

El trabajo y aquellos actores que se configuran en torno a él, en tanto relación social, están constituidos por múltiples dimensiones, las cuales son determinadas histórica y socialmente (De la Garza, 2003: 32-33). Sin embargo, a toda actividad productiva le es inherente, al menos, los tres momentos que el filósofo alemán detectó (entre otros) en su análisis del Capital, a saber: producción, consumo productivo y consumo (Marx, 1980). La manera de producir o, más bien, quienes controlan la división del trabajo, acelerará o compactará, según corresponda, dependiendo de las características de la  mercancía que se produce y de los mercados en los cuales se produce, los tiempos en los que se articulan estos distintos momentos de la producción.

Comprendiéndolo desde esta amplitud conceptual, el trabajo, es aquello que constituye al hombre o lo pone a la altura de tal. En este proceso activo se deja ver el ser de lo humano, su energía, su potencialidad. Es la expresión más significativa de la especie. Es, en definitiva, la esencia humana.

Referencias bibliográficas

  • De La Garza, E. (2003). El papel del concepto de trabajo en la teoría social del siglo XX. En: De La Garza, E. (Coordinador). Tratado latinoamericano de sociología del trabajo. (pp. 15 – 35). México: FCE.
  • Marx, K. (1980). Introducción general a la crítica de la economía política 1857. Bs. As.: Ediciones Carabela.
  • Marx, K. (2006). El Capital. Crítica de la economía política, Tomo I.  México: FCE.

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