Energía para qué, y para quién.

Publicado en Ene 17, 2012 - 12:38pm [2.110 lecturas] .

Pablo Chacón, Ingeniero Geomensor. Encargado Área Medioambiente

La humanidad se ha caracterizado, desde que es tal, por necesitar un consumo energético creciente. A lo largo de la historia, los seres humanos han aumentado y experimentado con nuevas fuentes y combustibles.

A medida que el conocimiento científico se ha acumulado, se ha impulsado  -durante los últimos 150 años- el  aumento del consumo energético per capita de manera casi exponencial con respecto a toda la historia anterior del hombre. Si a lo anterior le sumamos el hecho de que en los últimos 100 años la población se ha triplicado sobre si misma, podemos decir entonces que nos encontramos envueltos en la espiral del desarrollo y en el punto de inflexión, y anomalía histórica, en que el hombre ha abandonado la vida rural (por lo menos en más de la mitad de la población mundial) y se ha volcado sobre el mundo urbano aglomerado.

Así se expresa el Desarrollo, concebido casi exclusivamente por la impronta del crecimiento económico. Probablemente, el oximoron y su tragedia radica en que el espejismo del éxito, la concreción de los deseos de los individuos, que se manifiestan en el bienestar económico de los países más desarrollados, no puede ser alcanzado físicamente por la mayoría de la humanidad sin comprometer los recursos naturales y el clima, sin la pretensión no dicha de mantener un tercer mundo en la ruina y en la precariedad de la vida. La ecuación entre energía, sociedad, medioambiente y desarrollo, en ese sentido, es todavía un ejercicio sin solución.

Este año se cumplen 20 años de la cumbre de ONU de Río de Janeiro, y este hito se repite nuevamente en la misma ciudad con un nuevo cónclave. En estos dos decenios, el desarrollo sustentable se ha convertido en el cliché de la reconversión del neoliberalismo hacia un capitalismo verde donde las crisis económicas y las guerras son elementos del sistema global recurrentes.

Son tantas las aristas de estos temas que cualquiera puede abrumarse en relación a cómo asimilar el entramado que existe entre el poder económico, transnacionales y el desarrollo de la política en ese contexto.

Por otro lado, los seres humanos, afectados por este “estilo” de desarrollo, no siempre se encuentran conscientes de los efectos secundarios de dicho proceso y no siempre se empatan con la necesidad de participación política y voluntad de cambios. Es tal la proliferación de conflictos ambientales, así como de comunidades afectadas, ongs ambientalistas que se condice con el aumento de los proyectos extractivos y de producción energética en América Latina. Por el contrario, es clara la relación inversamente proporcional entre beneficio transnacional y degradación ambiental.

El viernes, el Presidente Piñera anunció cuales serán los énfasis en materia energética para los próximos años. En realidad no hay muchas novedades: lo sabido en relación a los niveles requeridos por parte de las distintas ramas productivas para mantener un crecimiento sostenido, y el relato acerca de que el país debe imperiosamente duplicar su matriz al 2020. Por lo menos, en positivo, podemos constatar que se ha sincerado la voluntad del ejecutivo del apoyo al proyecto de Hidroaysén. Esto puede servir para que los actores sociales, las organizaciones de base y las comunidades tengan más claro quienes son nuestros gobernantes y qué es lo que defienden; para qué y para quién es el beneficio de ese aumento de la matriz energética.

Sin duda éste será un año de desafíos, donde estas reflexiones deben estar presentes en las discusiones de los actores y de los movimientos sociales, y donde la vinculación entre medioambiente y política debiese expresarse en una interpelación programática a los partidos políticos, sobre todo cuando en el plano del desarrollo local van a realizarse las próximas elecciones municipales y donde un gran número de compatriotas están hoy ya presentes en el nuevo padrón electoral.

Leave A Response