El uniforme de las “nanas” es un problema político.

Publicado en Dic 28, 2011 - 5:38pm [2.758 lecturas] .

foto-MAURICIO-MUÑOZPor Mauricio Muñoz. Sociólogo del Area laboral de ICAL

 Un síntoma es una señal. Un indicio de que algo está sucediendo. Un fenómeno, algo que “se aparece” y que en su aparecerse revela una enfermedad, sufrimiento, padecimiento o, también, una contradicción. Se dice que Marx inventó el síntoma al analizar el fetichismo de la mercancía en El Capital y determinar cómo esta adquiere su forma.

La comunidad del Club de Golf Las Brisas de Chicureo mediante una carta les recordó a sus socios que, debido al aumento de niñeras en el sector piscina, éstas sólo podrán estar en algunos sectores del Club y siempre que vistan uniforme o estén identificadas como tales.

Esta carta es un síntoma. Lo fue anteriormente la “nana” fotografiada sosteniendo un quitasol en una playa mientras su “patrona” disfrutaba de sus vacaciones en Con-Con, en una silla de playa, tranquila, relajada, reposada. Así como son síntomas, también y sobretodo, las condiciones laborales de estas trabajadoras particulares, caracterizadas por excesivas y agotadoras horas de trabajo; las condiciones contractuales, los salarios, los días feriados no respetados, los interminables viajes de ida y regreso a su trabajo (cuando no trabajan puertas adentro) y, en definitiva, el sometimiento físico, mental y simbólico que ellas padecen. Todos síntomas que dan cuenta de la contradicción de clases inherente a cualquier sociedad capitalista, que a su vez genera las condiciones sociales que permite y empuja la emergencia de estas pulsiones.

Este tipo de problemáticas no se solucionarán presentando recursos de protección o entregándole máxima urgencia a un proyecto de ley que prohíbe el uso de uniformes a trabajadoras de casas particulares en lugares públicos.

El elevado nivel de segregación que sufre la sociedad chilena, del cual nos advierten distintos estudios, sólo podrá ser abolido con políticas públicas y sociales reales, que partan por una reforma tributaria que permita una correcta distribución de la riqueza que producen los trabajadores de este país; crucen por reformas educacionales y de salud que aboguen por asegurar su calidad y gratuidad; y atraviesen otras cuestiones, también fundamentales, como la nacionalización de los recursos naturales, la administración de los fondos de pensión, los problemas medioambientales, el reconocimiento de la independencia de los pueblos originarios, las demandas de las llamadas “minorías” sexuales, los derechos de las mujeres, de los trabajadores y el desarrollo de la soberanía local.

El problema no es estético, es político.

Leave A Response