Movimiento por la educación: Nuevos pasos para seguir avanzando.

Publicado en Oct 21, 2011 - 12:01pm [1.525 lecturas] .

Marcos Barraza

Marcos Barraza

Director ICAL

Transcurrido ya más de cinco meses desde el inicio de las  movilizaciones en favor de la educación pública, proceso en el que el peso de la manifestación ha recaído esencialmente en los estudiantes y en el Colegio de Profesores, pero con incipientes y diversas muestras de solidaridad de otros actores sociales en cuanto a convocatoria de masas, conviene detenerse en las características de esta movilización y en la necesidad de articular pasos certeros que resguarden la amplitud de la convocatoria social y posibiliten el inicio de cambios estructurales en el sistema educativo.

Al respecto, es evidente que desde el gobierno están primando las posiciones más de ultra derecha, aquellas que reconociendo la creciente baja de popularidad del ejecutivo -confirmada encuesta tras encuesta- y la posibilidad cierta que esto se traduzca en una importante merma electoral en las elecciones municipales, y luego en una eventual pérdida de la presidencia de la república en la próxima elección presidencial; que privilegia una táctica cada vez menos populista y acomodaticia

-en términos de zigzaguear frente a las demandas por educación- y, por el contrario, acentúa un discurso que salvaguarde su identidad así como la invariabilidad estructural en materia de educación.

Lo anterior, propio de una racionalidad neoliberal que no negocia ni establece compromisos con sectores antagónicos, siendo manifiesto en esto una apuesta por parte del gobierno que privilegia objetivos estratégicos que perpetúen el sistema institucional por sobre los costos políticos electorales. Todo esto, no obstante las contradicciones que desde el inicio del conflicto se ha evidenciado en la derecha para entender y abordar la creciente protesta social.         

En la perspectiva de esta reflexión, dicha posición ultra derechizante acentuada por ciertas seguridades a las que habría arribado el gobierno y que emanan de la conducta y capacidad observada de influencia de otros actores del movimiento social. Al respecto, el paro de la CUT del mes de agosto, si bien debe ser considerado un buen inicio para el desarrollo de subjetividades más transversales en materia de movilización social, desde la perspectiva del gobierno en cuanto a evaluación de impacto, también denotaría incapacidad de trascender y eventualmente falta de voluntad suficiente y recursos para desplegar una acción más permanente en el tiempo, lo que a la postre fortalece las posiciones más intransigentes del Ejecutivo.    

En este sentido, la solidaridad de los otros movimientos sociales y en especial de la CUT y su organizaciones afiliadas, más allá de las estructuras dirigenciales, es clave para propiciar un reimpulso en materia de subjetividad. Incluso desde la Central no desplegando una movilización permanente. La sola articulación de un discurso constante a favor de los estudiantes pudiese contribuir a dinamizar el estado de la movilización y fortalecer subjetividades, y posiciones que debiliten la negativa del gobierno.        

Así, en el movimiento estudiantil se observa en las últimas dos semanas pérdida de iniciativa y encasillamiento en el perfil que el gobierno le atribuye para la percepción de la opinión pública, propiciando una imagen de pasividad o de incapacidad de intervención frente a las acciones violentas, que busca desafectar a la opinión pública de la demanda estudiantil.

Es apreciable entonces una ofensiva desde el conjunto del gobierno-derecha, con expresión en diversas instituciones sociales donde estos cuentan con presencia, orientada a fragmentar la cohesión que han alcanzado las comunidades educativas. El desalojo de la universidad Católica de Valparaíso a petición de su Rectoría, o la intransigencia de sectores del estamento académico de la USACH para re-calendarizar el año académico considerando un criterio de flexibilidad por la movilización en curso, o en su defecto la asfixia económica por la ausencia de subvención que experimentan los colegios movilizados, así lo confirman.           

Se busca de esta manera, propiciar una errada radicalización de las movilizaciones, cuya finalidad última es desagregar posiciones en el entendido de disminuir la masividad de las movilizaciones y de los actores en coordinación y complemento, y, que por el contrario, prime en el discurso público el enfrentamiento violento, que consecutivamente distancie a los estudiantes del apoyo y sensibilidad social. Este sería el cuadro más conveniente para las posiciones neoliberales, esto es trasladar el conflicto y el foco de atención de los temas educativos y de democratización a la violencia y saqueos, facilitando la irrupción del delirio represivo del Ministro Hinzpeter.    

De lo anterior, resulta clave retomar la iniciativa, en el entendido de asumir que el movimiento cuenta con un importante grado de madurez que le posibilitaría barajar múltiples caminos; siendo prioritario asumir un discurso que señale que la lucha a favor de la educación pública será un proceso mucho más prolongado en el tiempo; siendo necesario desplegar con creatividad nuevas formas que apelen a la participación de la ciudadanía y que no la restrinjan en función de lógicas más violentas, como lo busca el gobierno.

El plebiscito de la educación es un ejemplo de amplia adhesión ciudadana, que traza un camino en cuanto a formas, que debe ser fortalecido en términos de seguir convocando vastos sectores de la sociedad.

Sin embargo, lo central del actual momento es asumir que el movimiento social no puede seguir disociado de la organización política y que, por el contrario, van muy de la mano. Lecturas que favorezcan dicha separación en los hechos niegan las múltiples formas de organización, peso, simbología e incidencias de los diferentes actores.

Por esto, estimando prioritario ampliar más la base social-política del movimiento, hoy contamos con triunfos en el plano de las ideas e incluso parciales en lo político, pero se requiere de una victoria estratégica que consolide un camino de acción y oposición que transforme la victoria social en victoria político-social. Parece clave entonces abrir el diálogo con diferentes estamentos, como alternativa al quiebre de negociaciones con el gobierno, y que delinee continuidad para la movilización, con especial énfasis de coyuntura en la exigencia de incremento de gasto público en educación durante la discusión de la ley de presupuesto.    

Por lo mismo, lograr la interacción del movimiento social, partidos políticos, instituciones de la sociedad y parlamentarios de oposición en base a un acuerdo para la transformación de la educación constituye el desafío del momento, hito que puede contribuir a generar confianzas en post de un enfrentamiento más permanente y decidido con la derecha, que reforme estructuras políticas y por ende propicie los cambios constitucionales que Chile requiere

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