¿El gobierno está dispuesto a promover reformas estructurales en educación?

Publicado en Oct 7, 2011 - 12:31pm [1.126 lecturas] .

Carlos Arrué. Encargado Programa Legislativo de ICAL

El problema del actual entrampamiento en materia de educación es que el Gobierno se niega a entender y/o aceptar las causas estructurales del problema planteado por el movimiento por la educación. Ha abordado el conflicto, al menos hasta ahora, desde la lógica imperante sin entrar a modificar un ápice su posición doctrinaria. Prueba fehaciente de ello es su Proyecto de Ley de Presupuestos, cuyos anuncios en educación propenden al aumento en la subvención escolar preferencial y más becas y créditos, según informó el Presidente en cadena nacional. Ambos empeños sólo aumentan el lucro con recursos fiscales y constituyen una evidente señal de escasa disposición al cambio.

Lo que el Gobierno ha tratado de hacer durante estos meses se limita a “un  gallito” con el movimiento social por la educación. El interés por dialogar se restringe al interés por rendir al movimiento. Esto es muy lamentable, y no sólo atenta contra los intereses del movimiento sino de la ciudadanía que apoya sus demandas. En definitiva, el Gobierno coloca un candado al debate y se ha atrincherado en una posición de defensa de los intereses económicos de modo manifiesto.

Esta posición e intransigencia se disfraza bajo el argumento de ayudar a los pobres. Si fuera realmente así, ¿Por qué no sostiene que los pobres son los que mantienen a los ricos que son dueños de la AFP, quienes lucran con los aportes previsionales de los trabajadores? El problema de la gratuidad no es que permite a los ricos estudiar, sino que fomenta una cultura de derechos y no de libertades. El Estado puede financiar un sistema gratuito y, a lo menos en lo inmediato, garantizar un sistema gratuito para los tres quintiles más bajos avanzando hacia la gratuidad. El problema es que no quiere. Así de simple.

El Presidente dio un portazo al dialogo y ahora se apresta a descargar su furia hacia el movimiento estudiantil. Con ello, probablemente, recupere la confianza de la derecha más recalcitrante, pero se apronta también a generar un repudio generalizado.

El dialogo así, no tiene mucho sentido. Por ende, la pregunta que hoy cabe colocar en la mesa, y así despejar de una vez por toda la situación, es la siguiente: ¿Está el Gobierno dispuesto a promover reformas estructurales en educación? Porque eso es lo que está en el trasfondo de esta discusión.

Si responde que sí, podría seguirse el dialogo sobre la base de saber cuáles son los temas estructurales y, hoy por hoy, debiera ser la única condición por cuanto permitiría saber exactamente dónde y hacia donde se ubica el gobierno en esta materia. Las demás condiciones, ante la arremetida represiva y la manipulación mediática y política del Gobierno, hoy perdieron sentido.

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