El déjà vu de la muerte de Manuel.

Publicado en Ago 30, 2011 - 4:55pm [1.961 lecturas] .

foto-MAURICIO-MUÑOZPor Mauricio Muñoz. Sociólogo – Área Laboral de ICAL

 La muerte de Manuel Gutiérrez Reinoso (14) es un Déjà vu… Un hecho que, en su interpelación de la realidad, nos hace sentir como testigos nuevamente de una sensación previamente experimentada. La horrorosa familiaridad de la escena, tangencialmente en el hecho pero sobretodo en el sentido que le podemos dar a éste, a la vez que nos sobrecoge, llama a reflexionar.

Los días 4 y 5 de septiembre del año 1984 se llevó a cabo una protesta nacional convocada por la oposición a la Dictadura militar pinochetista. En la primera noche de protestas un grupo de policías ingresaron a la población La Victoria, núcleo fundamental de resistencia al poder dictatorial, donde fueron recibidos por barricadas, bombas molotov, piedras y “miguelitos” por parte de los pobladores. Frente a esto la reacción policial fue disparar al aire. Uno de esos tiros alcanzó al cura André Jarlan, mientras rezaba.

Los días 24 y 25 de agosto del año 2011 se llevó a cabo una (nueva) protesta nacional. Esta vez la convocatoria fue realizada por la CUT en articulación con el movimiento social liderado por los estudiantes y profesores, cuyas demandas han tenido la capacidad de atravesar a los distintos actores, partiendo por las peticiones de una educación de calidad, pública y gratuita y desbordando a cuestiones relacionadas con cambios para avanzar en mayores niveles de democracia y justicia social.

La noche del 25 de agosto la policía nuevamente disparó al aire. “Escuchamos tres disparos que venían de Carabineros. Había furgones parados y en movimientos. No sabemos de cuál salieron los disparos, pero estoy 100% seguro que los que dispararon eran carabineros” (diario La Tercera del 26 de agosto), diría el hermano de Manuel, con el que caminaba por la calle Amanda Labarca, en el límite de las comuna de Macul y Peñalolén, la noche de su muerte. La familia del fallecido ha declarado que él era un joven ajeno a las movilizaciones sociales, que no militaba políticamente y que su vida giraba en torno a la iglesia evangélica, de la cual quería ser pastor.

Pueden existir ciertas similitudes entre ambos hechos, sin duda los contextos son distintos, pero hay un hecho fundamental que los une: el proyectil no fue disparado en un enfrentamiento directo, fue un tiro al aire, errático e, incierto. No iba dirigido a nadie en particular.

Este gesto, tal como apunta Moulian (1997: 298), es una pieza maestra de los dispositivos de terror. El proyectil 9 mm pudo haber acabado con la vida de cualquiera, sea en una pieza leyendo, rezando o en la calle caminando. No es necesario estar “en contra”, protestando para que la represión, e incluso la anulación vital que acompaña a la muerte, caiga sobre los cuerpos. Un mecanismo que produce y reproduce una amenaza incierta y a la vez constante, cuyo objetivo es instalar las lógicas y los intereses del poder en los intersticios de las subjetividades, para, en definitiva, socavar al movimiento social que estas constituyen.

Referencias bibliográfica

 Diario La Tercera. 26 de agosto de 2011.

Moulian, T. (1997). Chile Actual. Anatomía de un mito. Santiago: Lom ediciones.

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