¿Crisis sistémica? ¿Agotamiento del modelo? ¿Elecciones anticipadas?

Publicado en Ago 10, 2011 - 12:52pm [2.540 lecturas] .

Carlos Arrué. Encargado Programa Legislativo de ICAL

El país está a escasos pasos de una crisis, en particular, de gobernabilidad. Tras tanto negar y rechazar una y otra vez las demandas políticas, tras menospreciar el valor de las ideas y privilegiar las consideraciones técnicas,  tras  repetir que los chilenos estaban “en otra” y alejados de la política, tras ver cómo la ciudadanía manifiesta activamente una actitud solidaria que parecíamos ya no tener, tras ver todo eso y más, nadie ha quedado indiferente. Todos hablan del actual fenómeno de movilización social que parece haber despertado a un león durmiente y ha puesto en tela de juicio toda una serie de axiomas sobre los chilenos y la política.

Pese a lo anterior, y pese a que nadie se atreve a tildar lo que pasa superficialmente, el tiempo entre la última irrupción socio política y ésta ha tomado a muchos por sorpresa, evidenciado un oxidado pensamiento anclado en lo meramente descriptivo y disociado de los procesos sociales y económicos que el país ha vivido. Los opinólogos de derecha hablan de problemas heredados cuando la Concertación, en realidad, heredó y continuó el modelo de Pinochet, época en la cual los mismos de hoy estaban entonces en el poder. Otros han dicho que la economía está muy bien y que no existe explicación racional, por ende, estos son fenómenos propios de país desarrollado.

Cuando el gobierno no puede gobernar ni establecer su voluntad, hay en ciernes un problema de gobernabilidad. Sin embargo, cuando el Estado, es decir, la institucionalidad en su conjunto (y no las personas como suelen confundir algunos políticos de la derecha), tampoco puede gobernar como lo demuestra el hecho que el Parlamento no podrá abstenerse de convocar a los actores sociales a la discusión sobre reforma educacional, allí, hay un problema de gobernabilidad. Parafraseando al ex Presidente Lagos, las instituciones no funcionan. Eso no sería inconveniente cuando se es inútil y subversivo, pero cuando se aboga por el orden público por parte de un ministro para hacer cumplir la ley, la cual es violada sin miramientos, los sostenedores del orden, temerosos, recurren a la represión como vimos el jueves pasado.

Esto no es nuevo en todo caso. Por años en Chile las decisiones no se han tomado en La Moneda. Lo nuevo es que dejaron de ser los empresarios y los técnicos de la derecha los convocados a discutir.

Con las actuales movilizaciones queda en el recuerdo los tiempos en que escuchábamos a gobernantes extranjeros elogiar la estabilidad chilena fruto del progreso económico y el consenso político y maravillarse de cómo mirábamos el futuro. Antes, cada paro por sueldos, de los mineros, en los hospitales, por lo aranceles, etc. era respondido con el argumento de estar atentando en contra la imagen del país. Eso, ahora, se vino al suelo. ¿Se imagina un ministro pidiendo a los estudiantes dejar de protestar porque afecta la imagen del país?

Son embargo, mas que una crisis sistémica, asistimos una etapa previa que posee la particularidad de poder convertirse en un fenómeno político-social de mayor envergadura. Estamos más bien presenciando el agotamiento del actual modelo político y económico. Los signos de ello están en varios hechos cualitativos nuevos. El primero es la capacidad de sostener la movilización, logrando además tener más respaldo que el gobierno. En segundo lugar, no hay crisis económica como sí ocurrió previo a las Protestas de 1983, lo cual indica una inconformidad con otra cosa que no es el hambre. En tercer lugar, el hecho que la población no respalde ni al gobierno ni a la oposición, que no se inscriba y que decida manifestarse en la calle refleja la poca representatividad que tiene los representantes.

El modelo socio económico y político necesita un cambio. Debe ser replanteado. La pregunta sin embargo es si la Coalición es la fuerza política indicada para encabezar este proceso de transformaciones. Y de no ser así, ¿es la Concertación capaz de hacerlo? Ambas interrogantes evidentemente poseen respuestas negativas. Esto es lo que hace particularmente complejo la etapa de precrisis que vivimos, caracterizado por el agotamiento del modelo económico y político desigual y excluyente que tenemos.

Una formula para resolver esta situación es el Plebiscito. También, sin embargo, hay otras. Por ejemplo, aprobar una Reforma constitucional que modifique el sistema electoral binominal por uno proporcional convocando a la renovación mediante elecciones de todos los diputados y senadores generando un Parlamento genuinamente representativo y hacerlo antes de discutir la Reforma Educacional. Otra alternativa pudiera ser adelantar las elecciones municipales para este año y una tercera, adelantar las elecciones presidenciales con una reforma constitucional que permita la reelección.

En definitiva, se requiere de una actitud política audaz por parte de la institucionalidad. Si no, me aventuro a pensar en la creciente posibilidad del surgimiento de una alternativa fuera de las instituciones logrando transformar esta precrisis en una crisis de gobernabilidad sobre todo si las encuestas siguen desfavoreciendo al Presidente al menos tres meses más.

El próximo paro de la CUT – que debiera ser de un día y no dos – será un momento importante para ello porque hasta ahora, el gran ausente de estas movilizaciones son los sectores más excluidos y quienes más desiguales son. El rumbo estratégico del futuro inmediato depende en cómo y cuando los trabajadores se suman.

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