Cambio de Gabinete… medida parche para problemas de fondo.

Publicado en Jul 19, 2011 - 1:59pm [1.839 lecturas] .

Cambio de Gabinete 18.07.11

Tras 16 meses de Gobierno, la población le esta haciendo saber al Presidente Piñera que gobernar es más difícil que dirigir una empresa, que no basta con aspirinas, estrategias comunicacionales, ni con neo-populismo. Se lo demuestran con las protestas de Magallanes, las masivas marchas contra Hidroaysén, las transversales manifestaciones por la igualdad de derechos, la baja aprobación en las encuestas, el paro de Calama y, principalmente, el  gran movimiento ciudadano que se ha creado en apoyo a los estudiantes por el derecho a la educación.

Somos testigos de como Piñera cede a las presiones que caen sobre su gobierno y realiza su tercer cambio de gabinete en lo que lleva de su periodo presidencial. Un cambio en donde su tesis de gobernar “con profesionales idóneos” se cae a pedazos, reflejado en una conducción que ha sido incapaz de comprender y empatizar con la población y sus demandas.

Cambio defensivo, impulsado por una sociedad que muestra su disconformidad con el despliegue de una política pública que desatiende las urgencias ciudadanas y que se constituye en un esfuerzo desesperado por descomprimir la tensión social.

Sin embargo, el ajuste realizado también es -a todas luces- el reflejo de una coalición de gobierno conflictuada por la incapacidad de congeniar una visión común sobre los énfasis del gobierno. Esto expresado, principalmente, en que debe ceder a las presiones de la UDI y recurrir a la inclusión de dirigentes políticos como Andrés Chadwick (al Ministerio Secretaria General de Gobierno) y Pablo Longueira (al Ministerio de Economía). Además, de realizar un enroque entre sus dos “principales estrellas” Joaquín Lavín (sale de Educación y asume Planificación) y Laurence Golborne (sale de Minería y Energía y asume Obras Publicas). Rostros de la derecha más conservadora, que confirman la falsedad de un gobierno que se presenta de centro-derecha.

Ciertamente que la salida de Joaquín Lavín de Educación amerita un párrafo aparte. Una salida con cara de salvavidas de plomo, ya que da cuenta de una desastrosa gestión en esta cartera y, a su vez, desnuda el temor del oficialismo a las consecuencias políticas que implica la vinculación de este ministro con el lucro de las universidades, particularmente la Universidad del Desarrollo. Sin duda, este cambio confirma y fortalece la posición de los estudiantes y del movimiento social, quienes hace tiempo declararon al hoy ex ministro de educación como un interlocutor no válido para las negociaciones.

Al respecto, si bien el cambio de ministro puede verse como un avance para las posiciones de los actores de la educación, las propuestas y las formas del oficialismo siguen siendo las mismas, y los cambios de fondo al sistema educacional no se ven por ninguna parte. Pero, esta modificación ministerial no sólo debe ser entendida desde la coyuntura, por el contrario, en una dimensión mayor debe ser vista como una evidencia de agotamiento estructural y del creciente desapego social frente la institucionalidad excluyente que opera en el país.

Así, somos testigos de una sociedad que en múltiples sectores y de variadas formas se revela contra un sistema y una forma de hacer política que resulta insatisfactoria y que no se resuelve con un nuevo ajuste ministerial.

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