La contra reforma necesaria en la educación.

Publicado en Jun 23, 2011 - 6:12pm [1.274 lecturas] .

Carlos Arrué

Por años hemos sido testigos de continuos cambios en la educación, los cuales la han llevado a una crisis sostenida y profunda que resulta necesario de reconocer en sus causas para abordar el modo de incorporarse a los desafíos que su futuro importan.

Como primer rasgo general de estos cambios está su pretensión estructural y de consolidación concatenada y sucesiva. Ninguno de ellos fue llevado a cabo como medida aislada y, menos aún, implementados al margen de una cosmovisión de sociedad cuya consagración institucional está codificada en la Constitución de 1980, aun vigente.

Sería inoportuno, entonces, que al momento de promover nuevas reformas tengamos los mismos ingredientes de la receta cuyo fracaso tiene a los estudiantes, profesores y académicos paralizados. No se puede actuar de forma incoherente y vivir como si las actuales movilizaciones no respondieran a más de 25 años de insistencia del movimiento social. La lógica que inspira el actual modelo y que se encuentra en la base fundacional de todas las reformas y cambios es: menos Estado y más mercado.

Es el momento de un cambio de paradigma y no repetir ingredientes de una receta anacrónica.

El segundo rasgo de las reformas es que, en general, propenden a impulsar la asfixia económica del sistema público, lo cual es un crimen. Esto se ha hecho continuamente como política publica; es el Estado en contra del Estado para beneficiar el crecimiento del mercado y promover el autofinanciamiento de las Universidades estatales, lo cual las mercantiliza.

Los actuales problemas de calidad del sistema público, así como la escasa presencia que sus egresados tienen en el acceso a las Universidades, son resultados directos de la municipalización de la educación. Todas las demás explicaciones conocidas han sido utilizadas como insumos para nuevos cambios sin los resultados esperados. Todas las explicaciones, menos ésta.

Misma cosa sucede con las Universidades. La asfixia económica ha significado mercantilizar la educación superior pública en donde las Universidades del Consejo de Rectores no tienen al Estado como aliado, sino como aspirante a sepulturero. La única receta que no ha utilizado el Estado es aumentar sus recursos  a las Universidades.

La asfixia económica no necesariamente hace más eficiente la educación, pero sí la hace  menos ambiciosa impactando la calidad y la excelencia que no son concebidas de forma sistémica, sino como un sub producto proporcional al monto que cada cual está en condiciones de invertir (o gastar si educación es muy mala).

Lo anterior deviene en el tercer rasgo de las reformas en educación. El carácter axiomático en que concibe la operatoria del sistema regido por la primacía del mercado y la acción subsidiaria del Estado. Ello explica porqué los cambios promovidos han privilegiado el accionar del sector privado, y disminuyen lo mas posible el alcance de las políticas del Estado. En la práctica, hay una relación de causa y efecto entre el privilegio del lucro con la invasión y el copamiento de ella en todo el sistema educacional y el consecuente deterioro del que hemos sido testigos todos los chilenos.

El cuarto rasgo general de las reformas ha sido el menoscabo continuo a toda aquella institucionalidad que conciba la participación estamental. En tanto negocio, la forma en que un establecimiento educacional aborda la realidad educacional no considera la participación comunitaria o colectiva en la formación, toda vez que el sistema realza valores como el merito, la rentabilidad, el éxito económico etc. que luego se traducen en sentimientos de indiferencia y enajenación en relación a los temas comunes o públicos.

Por ende, las reformas impulsadas hasta ahora, niegan la participación, rechazan el dialogo y consideran enemigas las nociones de acción social que no sean figuras de tipo empresarial. Ni la LOCE, ni la LGE conciben la participación, sino más bien percibe los actores del sistema como los victimarios de la mala calidad.

En conjunto, las reformas han significado un evidente pero no reconocido deterioro en la educación existiendo una relación entre el estado que hoy presenta, con los cambios que han sido aplicados.

En el discurso, las autoridades, ni las actuales ni las anteriores se hacen cargo de esto, optando por la lógica de culpar al empedrado y, ante cada movilización insisten en la incoherente postura de resucitar formulas que han mostrado su fracaso. Persisten en utilizar el mismo paradigma que convierte lo evidente, la necesidad de abandonar el rol subsidiario del Estado en la educación, en una acusación repetida de que los actores sociales politizan el debate.

Esto, a estas alturas, francamente aburre y preocupa.

A mayor abundamiento: Si cada vez que se plantea la necesidad de más Estado la respuesta será denunciar una supuesta politización o ideologización, obviamente estamos condenados a un aumento de la conflictividad social por cuanto la autoridad no se hace cargo de la situación generada.

Es hora, entonces, de reconocer el fracaso de las políticas neoliberales en la educación porque no es la educación pública la que está en crisis sino el modelo educacional y esto no se responsabilidad de las medidas implementadas en materias de educación, varias de ellas positivas, sino responsabilidad de la lógica subyacente del modelo que privilegia la regulación del mercado a expensas de disminuir el rol del Estado.

No es un problema de falta de cobertura ni de eficiencia en la asignación de los recursos, estudiantes exaltados etc. sino de un diseño hecho al margen de una visión nacional asentado en el bien común.

Hemos sido testigos de la implementación a mansalva de una visión sobre ideologizada  de sociedad la cual impide que se haga lo necesario: Abandonar una visión mercantilista y reposicionar al Estado en las políticas educacionales como garantía de su carácter público.

El abandono del rol subsidiario es imprescindible entonces para recuperar la educación chilena. Una declaración de ese tipo por parte del Ministro Lavín tal vez logre poner fin al actual conflicto por cuanto significaría haber entendido más de 25 años de lo mismo. Sólo anunciarlo. El no querer hacerlo es precisamente una demostración del carácter ideológico del discurso de los sectores que el Ministro Lavín representa, y que insisten en desconocer.

Es imprescindible impulsar  una contra reforma en educación que coloque en el centro el interés nacional y el bien común con el Estado como garante de su carácter público.

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