El sindicalismo en el gobierno de derecha

Publicado en may 10, 2011 - 7:14pm [2.019 lecturas] .

Katia Molina

Encargada Área laboral

Katia Molina Ponce, Socióloga, Encargada Area Laboral

Más allá de revisar los índices de sindicalización en el país, que desde fines de los noventa se incrementan moderadamente, es necesario ahondar en dos elementos centrales, uno referido a la normativa jurídica que permite la sindicalización hoy y los conceptos ideológicos que la sustentan.

En cuanto a lo segundo, la postura definida por la elite en el poder está clara, y es coherente con la visión que la derecha tiene del movimiento sindical, expresado ya en 1979 con el Plan Laboral de José Piñera.

Su ideología, mercado-céntrica, impregna todo el marco regulatorio donde debe desenvolverse la acción sindical, entramado normativo elaborado en la dictadura que opera en la actualidad sin restricciones y privilegiando las relaciones pluri-individuales frente  a las colectivas.

Lo que respalda este concepto está en el imaginario de la derecha que ve en el movimiento sindical  a su enemigo principal.

Sabemos que la organización de los trabajadores, sus repertorios de acción, aprendidos a lo largo de las luchas realizadas en el siglo XX: las  huelgas, marchas, mítines, etc., permitieron que los trabajadores se constituyeran en actores centrales de las transformaciones políticas y sociales del país, demostrando poder, frente a la asimetría del capital.

Por lo tanto, para impedir el actuar colectivo de los trabajadores era necesario elaborar una legislación ad-hoc.

La ley implementada hasta el día de hoy, concebida en la dictadura y con mínimas reformas en los gobiernos de la Concertación, define la afiliación sindical como voluntaria.

Además, reconoce legalmente cuatro tipos de sindicatos: empresa, interempresas, de trabajadores transitorios y de trabajadores independientes. Imposibilitando legalmente  la  negociación ramal y el quehacer sindical constreñido al sindicato de base y a la negociación colectiva, difícil de implementar.

En definitiva es el capital el que hegemoniza la relación.

Entonces, el actual gobierno de derecha actúa a sus anchas bajo la lógica de una normativa jurídica erigida por la ideología neoliberal, cuyo objetivo es la deconstrucción del movimiento sindical, impedir su protagonismo político y poder negociador.

Partamos por decir que no reconoce las multisindicales como interlocutores válidos. El Presidente Piñera dialoga con cada trabajador, nunca con su organización. Así lo hizo con los mineros en Copiapó, en que apartó a los dirigentes sindicales para montar sin obstáculos el show mediático del rescate.

Luego, desde una mirada tecnocrática y gerencial, define la organización sindical como  peligrosa para el crecimiento económico del país, y que es necesario domesticarla mediante desregulación, listas negras, prácticas antisindicales, persecución de los socios, criminalizándola y persiguiéndola judicialmente para desprestigiar a sus dirigentes.

Se utilizan todos los dispositivos de control sobre los trabajadores, para impedir su  articulación y evitar que  sus repertorios de acción  pongan en jaque los intereses del capital.

A pesar de toda esta estructura que socializa nuestro sentido común, las organizaciones sindicales ofrecen resistencia a las condiciones de explotación actuales.

Por ejemplo, las estrategias que enarbolaron los subcontratistas del cobre, los trabajadores temporeros agrícolas, los forestales,  los del salmón, los trabajadores del retail,  indican la búsqueda de caminos que configuran nuevas posibilidades para la organización de los trabajadores y la sociedad chilena

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